El aspirador y otros electrodomésticos, 101 cosas que Marc odia y yo completo

El aspirador.

Después de haber tenido que aguantar, por gentileza de alguna de mis exnovias mas mesianicas que carnales, las desquiciantes y repulsivas canciones de Supertramp y Beegees,

donde más que cantantes, sus primeras voces me recuerdan a rebuznos animales, como los pretendidos gorgoritos que nos regala cuando viene alguno de mis familiares más proximos, a los cuales tenemos que poner mas espalda que pecho, pensaba que no había peor ofensa para mis oídos, que el funcionamiento histerico y primitivo de un aspirador, sea Ufesa o Miele, para mis tan  sufridos, ultimamente, oidos desarrollados.

Andaba equivocado. Cuando entró en casa el primer aspirador pude comprobar que el sonido de este odioso electrodoméstico es de lo más abyecto que existe, es algo así como el rugido de un AIRBUS dentro de una mierda de lata de sardinas donde solo quedan las migas y el aceite asqueroso y manchón. Recuerdo como si fuera ayer cómo, a modo de castigo por mis salidas nocturnas, mi madre se dedicaba a usarlo todas y cada una de las mañanas de los fines de semana a primera hora (o lo que yo consideraba primera hora). Esos fines de semana eran para mi algo sagrado, se salia por la noche, y sobretodo no tenia que dormir con mi hermanito el raro, como hacia durante toda la semana. Subir a la casa del fin de semana era, a todas luces una liberación: tenia mi espacio, podia repartir todos mis trastos y mierdas por todas partes y no tenia que aguantar a Don Puretas opinando sin sentido ni causa ni objeto mi modo más sincero de vivir.

Al ya de por sí atroz ruido del aparato había que añadirle el golpeteo continuado a la puerta de mi habitación en busca de la última mota de polvo, aunque dudo que a parte de encontrarla, pudiera sino cercenar el poco instinto maternal (es decir de amor hacia mi madre) que pudiera quedar dentro de mi. No recuerdo resacas más terribles y sí recuerdo que nunca he tenido tantas ganas de cometer un parricidio, o matricidio. Bueno, quizás si, pero en ese caso, no era mi madre sino la madre de un amigo mio, de la cual evitare pronunciar su nombre y su extraña tendencia a estar demasiado cerca de mí, cosa que hoy pudiera parecer fantástico, pero que cuando uno tiene quince años solo provoca un poco de asquito.

En este apartado conviene también hacer un pequeño repaso a otros electrodomésticos despreciables tanto por su incomodidad acústica como por su dudosa utilidad o manifiesta inutilidad. Mirad a vuestro alrededor, queridos lectores y lectoras y decidme cuantos apratitos aprte de los vibradores que tengais escondidos o bolas chinas automaticas en los cajones, que podais tener, decidme cuantos…son necesarios, pocos.

Paso a enumerar extraños milagros de la electronica, son los siguientes:

  • El secador de pelo, altamente molesto e intrusivo. Además de poder quemarte el pelo, o directamente servir como arma para matar a alguien si se tira con certera punteria en una bañera llena de agua y personas o persona (a cada uno con su ludismo interno), es una de esas cosas que no sabes bien como guardarlas y quedan siempre como mal colocadas o te caen en la cabeza cuando estan plantando un pino. 
  • La thermomix, estúpido aparato de cocina pensado para aquellos gandules que no tienen ni puta idea de cocinar y que, a la postre, te condena a comer cremas de verduras durante el resto de tus días. Además es complicado guardarla, y si no te gusta gastarte una pasta gansa, es obvio que es una mierda limpiarla. Yo siempre recomiendo a todos mis amigos que se casan (de hecho ahora se divorcian o se separan) que cuando vena entrar a sus mujercitas con una termomix por la puerta esten seguros ellos de saltar por la ventana. Si es de un quinto…con cuidado, y con seguro medico.
  • Las licuadoras, ya en desuso, pero durante decenios sinónimo de las más rápidas carreras al baño por su poderoso efecto laxante consecuencia de la contranatural mezcla de frutas variadas.
  • La maquina de Yogures, de la cual tengo una amiga que hace casi de ella un uso extensivo. Se llamaria y es divina, pero sobretodo que nadie se coma sus yogures, de los cuales insiste en colgar fotos en internet. Recuerdo que mi madre también hacia yogures…(vaya mierda por favor) y la unica manera de comerselos era con tres toneladas de azucar y congelados. Recuerdo que a mis hermanos les gustaban, y he aqui quizás el principio del delta que nos sembró en la desunion ideologica sobre la vida.
  • Y, finalmente, la vaporeta, otra máquina infernal paradigma de la anti practicidad más absoluta. (esta ultima no tengo ni idea como funciona pero ya con el nombre me parece una mariconada inmensa)

La mayoría de los dementes que hacen acopio de todos estos utensilios acaban por degenerar comprando compulsivamente productos de tele tienda convirtiendo así sus hogares en un sucio almacén de subproductos electrónicos de un suburbio de Kandahar. Además de convertirse en esa clase humana inaniquilable que son aquellas parejas que se llaman, papá i mamá entre ellos y nunca sacan los plasticos de los sofas de sus casas, algo muy incomodo cuando te invitan y no puedes excusarte porque tomarse un cafe te provoca un gran sudor en las nalgas.

(que conste que esta ultima foto no es ni de mi archivo familiar historico personal, ni de la susodicha mamá, pero que conste que puede ser que me senté alguna vez en tan temibles rodillas , digo sofas)

Un saludo y buenas tardes.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Ulla Oyrer dice:

    I love it! Mainly the men-women hovering the carpet!

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