los partidos o colectividades, no son sanos.

Lo hago extensivo a las asociaciones, agrupaciones profesionales, clubes, partidos políticos, órdenes religiosas, familia política (y subrayo lo de política) (porque es evidente que la familia propia es peor que hablar del F.M.I o del P.P. o de los siete infiernos de Dante) y organizaciones en general, y lo escribo hoy porque en el fondo mañana nos meteremos una paella por montera con la familia Guilarte-Carballo , y el domingo nos toca ir a votar o a follar, o a que nos den, dependiendo siempre del animo con el que se va y el poco con el que se acepta.

Siempre he intentado huir de los clanes puesto que inevitablemente llevan a la extinción por confusión e incluso por disolución de la personalidad y voluntad de sus integrantes, para beneficio único de sus líderes conductistas, claro está. No hay nada más triste que todos aquellos (siempre a mi entender) que se subliman en aras del interés de un partido , con jefes o jefecillos, que invierten su tiempo, normalmente el libre, en hacer pedagogia de de las ideas de aquellos a los que siguen. Pienso que forman parte de tres categorias distintas:

  1. de los que no tienen nada mejor que hacer, y a los que su mujer o marido, normalmente otro parasito de la sociedad los tiene tan cocidos que prefieren estar en un puto localucho de tres al cuarto, normalmente llamado “sede”, o directamente en una mesa en medio de la calle (pelandose de frio o asandose de calor) apologetizando y aconsejando (todo lo que no hacen en casa), antes de que estar en su hogar leyendo, o divirtiendose o haciendo macramé.
  2. Aquellos que su vida es tan triste, que directamente echados de cualquier grupo que se forma de manera natural como un grupo de amigos, o un equipillo de futbol de barrio o una orgia en un club de intercanvio, se ven , tras ser echados del ultimo club de alcohólicos anónimos, aunque no fueran alcohólicos, pero si siempre anónimos.
  3. o simplemente forman parte de una de estas dos clases: trepas que pretenden vivir del erario publico y de los impuestos de todos y cada uno de nosotros o soñadores. Siendo estos últimos los únicos que merecen mi respeto excepto cuando en uno de sus sueños se estampan contra una farola.

Pienso que cada uno debería, para bien o para mal, brillar con luz propia, ser singular y rechazar, en la medida de lo posible, obviamente, el cobijo que brinda el colectivo. El colectivo es peligroso, y amputante y sobretodo lo que provoca es la comunalización de todo nuestro poder que radica en nuestro ser como individuos.

Mucha gente ansía la pertenencia al grupo para demostrar al mundo que existen pero bien pocos son plenamente conscientes del precio que pagan anulándose como individuos ya que su fuerza sin la de los demás no vale para nada, y no hablo de equipos de fútbol, entendámonos.

Me quedó muy clara mi condición de don nadie cuando leí la grandiosa afirmación de Orson Welles, quién sentenció con muy, pero que con muy buen criterio, que en el mundo solamente cuentan mil quinientas o dos mil personas y los demás son meros figurantes. Es por ello que ya no me preocupo en preguntar a nadie si es de un equipo u otro de futbol, ni intento interactuar con los padres durante las puñeteras fiestas de cumpleaños infantiles donde la gente aún intenta invitarte destrozando tu sagrado fin de semana, disponiendo de tu tiempo a través del de tu hijo. Con las madres si que interactuo, aunque no entiendo porque no me responden, aunque ello será motivo de otro post llamado, “porque nadie habla con el baboso de Al”, por Al.

No obstante ello, aunque como figurante, anodino e intranscendente sujeto, prefiero cabalgar solo. No me veréis pues los domingos circulando en bicicleta luciendo el clásico atuendo con logos o nombres que pretenden ser graciosos y casi nunca lo son, (que se mueven al ritmo del desplazamiento de nuestras nalgas sudorosas en las subidas lo cual hace de su mensaje algo ilegible, además que ello es seguramente la forma más efectiva de acabar en una triste cuneta jodido, porque un puto dominguero te ha atropellado “sin querer” o una moto ha cambiado el chip de hacer curvas a vamos a matar ciclistas;  ni me veréis junto a los trepas o alpinistas laborales enquistado en el colegio profesional al cual estoy adscrito por obligación arrastrándome por conseguir un cargo ya que al fin y al cabo el mio es el de los abogados y siempre sale algun capullo que te cuenta que el estudio en la UPF (Universitat Pujol Ferrusola) o en el Abad Oliva (la verdad es que aun no he decidido cual de los dos dan más rabia, ni más pena, ya que al fin yo estudie en las jodidas trincheras de la U.B. y en las cloacas preteritas del plan del 52), ni en ningún círculo o asociación-elitista o popular-, ni en ningún centro de ocio y/o deportivo que huela a club, sinónimo de rancio- me refiero a esos dónde todavía se desprecia a los “parvenus” (recién llegados) llamándolos PNS, siglas que significan putos nuevos socios-; a no ser que sea un club de putas exclusivo o uno de intercambio de figuritas de la Guerra de las galaxias y me pueda vestir de Droide Roja o algo así) ni en ningún consejo de administración (no creo que me admitieran) ni en ningún otro largo etcétera. El Laaaaaaaargo etczetera es ultra largo puesto he descubierto que en mi pueblo se van formando clubes, asociaciones, y otros germenes societarios por doquier.

Sin embargo, existe una honrosa excepción. Daría mi mano derecha por tener el honor de ser miembro de la ilustre “Finnegans Society” de Providence (USA) cuyo local social está situado en el número 27 y medio de la calle Edison.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s