Nicola di Bari y el primer y último SINPA en Roma.

Gracias a mi amiga Marta, hoy, a ritmo de Nicola Di Bari, rememoro pasados que creía extintos de mi memoria.

 

Hay cosas que uno piensa que no volverán más, imágenes que se funden con uno y que quedan en estado de latencia en lo más profundo de las memorias, a veces colectivas, que todos llevamos consigo. Estas memorias, a veces buenas, y a veces malas, son las que nos ayudan a vivir, y a visualizar lo mejor y lo peor de nuestras existencias.

Nicola me lleva a una juventud muy alterada. (aquí seguro que algún familiar mío… tenderá a recomendarme una terapia), una juventud que no logro disgregar de gente autentica como mi amigo David, mi novieta Susagna, y sobretodo de un sentimiento de abandono de la soledad extrema que sentí en mis últimos años de la Escuela Francesa, a un reencuentro de gente autentica y sobretodo, divertida.

Os parecerá extraño, pero mi primer contacto con Nicola di Bari, fue en una pizzería de Roma, una que está entre Piazza Navona donde las fuentes de Bernini y la do iglesia de Borromini se levantan ante uno, y Piazza de la Rotonda, donde yace, (porque no se me ocurre ningún verbo más) el Mausoleo. (veus Santacana com sempre quedarà alguna cosa al meu cap).

Ese viaje de C.O.U. donde los estudiantes de historia del Arte del Institut la Sedeta de Barcelona, se metieron con los estudiantes del I.B.L’Escorxador durante 15 horas en un Autobús para hacer un BCN-ROMA, estuvo plagado de historias de amor y aventuras extrañas, porros a altas horas de la noche, visitas guiadas que hubieran necesitado de perros guía dado nuestro estado, miradas furtivas y preciosos momentos donde la eternidad romana se nos metió por cada uno de nuestros poros. Ohh Santísimos 17-18 años.

A ritmo de Nicola di Bari, salí corriendo de esa pizzería regentada por tres monjas (lesbianas quizás) haciendo un SINPA tan autentico como accidentado, al estrellarme contra un contenedor de basura. Seguí corriendo….y en ese momento fue una aventura más.

Años más tarde, con aquellas cosas que tiene la vida…esas cosas que te devuelven a un estado anterior, me encontré con una corbata y una americana, vestido de pingüino a la italiana, comiendo en la misma pizzería, solo. Ese día, tras 20 minutos me di cuenta que yo a esas viejas, las mismas, les debía una cerveza, un pizza napolitana, y una propina. Me comí un plato de pasta rápido, unas 8000 liras con la “birra”. Me levanté, le di un beso en la mejilla a una de las monjas, le conté la historia, y le deje 20.000 liras de propina. Personalmente creo que no entendió nada, pero y solo si os sirve, andé tranquilamente con una sonrisa en la boca hasta mi hotel, recordando la mirada de despecho de Susagna, las caricias de Gal.la,  y los besos de Yolanda que tanto me duraron y duran en mi, y sobretodo, la sobriedad y la amistad que aún conservo, de mi gran amigo David.

Ya que en el fondo, ese primer viaje a Roma, el primero de unos cuantos después, me ayudó a poner en el mismo estante, la eternidad de un beso, el poder de un piedra, el gusto de pagar deudas pasadas, y la afortunada suerte de poder uno enamorarse aunque solo fuera por breves días, con unos sentimientos fuertes como la eternidad.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Elena Guilarte Blanco dice:

    Llevo un rato tafanejant en tu blog. Después de leer lo que has escrito de David me picaba la curiosidad. Decirte que me gusta como escribes, y que hiciste bien en pagar la deuda 😉 Recuerda: “un Lannister siempre paga sus deudas”

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