La comida rapida y su criminalización, 101 cosas que marc odia y yo completo

La criminalización del consumo de comida rápida y especialmente de la bollería industrial.

Viene siendo insoportable leer día sí y día también en los aborrecibles y putos suplementos de vida y salud insertados en los periódicos formato papel lo perjudicial que resulta el consumo de este tipo de comida por su influencia negativa en nuestro organismo. Todo empezó a degenerar con una estúpida prueba llevada a cabo a mitad o a finales de los años noventa, no lo recuerdo bien, por un completo idiota que muy bien podía ser uno de los hermanos Beamish, o sea uno de aquellos dos hermanos subnormales que intentaron ir de Belfast a Escocia echándose mutuamente al correo.

Pues bien, como recordaréis, este sujeto se hizo famoso demostrando a todos los cretinos del mundo, que no son pocos, que la ingesta masiva de comida rápida y mal llamada basura- en ese caso de productos Mc. Donalds- no tan solo hace ganar peso desmesuradamente sino que aumenta exponencialmente los índices del llamado colesterol malo. Menudo descubrimiento, no? Que gran demostración. Cuánto nos aportó! Recuerdo perfectamente la sorpresa e indignación que la noticia causó entre la multitud de papanatas que en aquella época hacían bandera de su antiamericanismo más exacerbado debido a la primera guerra de Irak. Lo que no tuvo tanta trascendencia y constituía a todas luces la piedra angular del fraude del experimento es el hecho de que el individuo en cuestión desayunó, almorzó y cenó todos y cada uno de los días que comprenden un año un par de hamburguesas con queso de la referida cadena americana. Pues bien, como era de esperar, engordó veinte o treinta kilos y los resultados de su analítica de sangre se vieron seriamente alterados.

A partir de ese momento, repito, la gran masa de los insufribles integristas alimentarios tomaron conciencia de la dimensión de la tragedia e iniciaron una campaña sin precedentes contra las grandes cadenas de comida rápida, haciéndolo extensivo, con el tiempo, a mi querida bollería industrial.

Lo que vengo a decir con todo ello y al parecer pocos lo entienden, es que todo en la vida depende de la medida. Si la medida es la justa no hay nada que pueda matar de forma inmediata- en todo caso no con más rapidez que el propio ciclo vital- ni ningún alimento ni bebida que resulten venenosos por si solos. Si nos alimentamos solamente a base de zanahorias- aparentemente sanas- seguramente moriremos, pero de asco. Si nos tomamos una botella de whisky diaria moriremos de cirrosis, al igual que si abusamos de nuestro tan apreciado vino. Hay que saber dimensionar las cosas. Si renunciamos a todo ello que nos quedará entonces? Pues tan solo la respuesta del señor que le dice a su amigo, después de que este le anuncie que lo ha dejado todo, el tabaco, el alcohol, las mujeres y la comida fuerte: “ Viuràs molt més, però se´t farà llarg de collons!”.

Larga vida pues al Whopper, al frankurt Pedralbes, al Kentucky, al Pibe, a todas las pizzerías del mundo, al Donut, a toda la gama de productos Dulcesol, a las mantecadas con mantequilla marca Eroski (deliciosas) y, por encima de todo, a los inconmensurables Mañanitos.

Sr. Valentín Fuster, deje de darnos la vara de una puta vez y ocúpese de gestionar sus abultadas cuentas corrientes!

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