Tres entierros.

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Sin venir a cuento, y sin que uno se lo tome como precedente, llevo asistiendo a unos cuantos entierros ya, de gente joven, o gente que ahora se considera joven pero que hace años hubieran ya sido adultos más cerca del cadalso que de subirse al Dragón Khan de Port Aventura.

El otro dia, uno de 46, hace unos meses, mi socio, de la misma edad, y en medio otro al que no conocía para nada y a la ceremonia del cual terminé por equivocación al confundir tanatorios y horas.

He de reconocer que la ceremonia de este último fue la más entrañable de todas y tuve que concentrarme para no “morirme de risa” (hubiera ahorrado un considerable coste logístico a mi familia) y “morirme de pena” por el muerto, ya que tras escuchar los parlamentos de sus colegas, me dí cuenta que el personaje hubiera pasado de largo y con nota el casting de una peli como “torrente”

Para resumir un poco: a colega nuevo que subía al estrado a decir algo del muerto, más kilos de estupefacientes metían en la conversación y más litros de alcohol derramaban como lágrimas, y es que el tipo en cuestión se lo debió de pasar pipa, hasta que un semáforo en rojo se cruzó en su vida con su Ford Escort 16 válvulas con spoiler trasero, que un tal Juani le vendió por cuatro duros y con el que vieron muchos amaneceres en la playa de Sa Boadella de Lloret, petando los últimos talegos comprados al moro de la esquina Robadors. En fin, un elemento arrugado y entrañable que perdió uno de sus últimos nicotinizados alientos al ritmo de los Gipsy Kings, en la esquina de Balmes con diputación, cuando salía escapando de algún control de alcoholemia de los pitufos, de un bar de travestis, tan de moda en la ciudad.

Los otros dos entierros fueron el de mi socio, en el cual lloré como una magdalena, hasta que J.C. me preguntó que hacer con el numero de móvil del muerto (si borrarlo o no… ocurrencias), y el del hermano de un amigo, que también muerto joven, se encargó de tener unos amigos tan grandes que le recordaron el dia de su sepelio, con un: “los amigos nos preguntamos que hacemos en esta iglesia cuando él tenia por costumbre decir –cagum Déu!- cada vez que llegábamos a su casa, y siempre nos dijo que un cura le intentó vender una peli “rara” una vez.” Los padres, aunque yo estaba lejos, creo que expresaron un sentido disgusto.

He de reconocer que ninguno de los tres llevó una vida muy católica: el primero porque visto lo de sus amigos, el colega debió de ser un artista por todo lo alto encomendado a la virgen más joven cada noche y obviando el hecho de que tuviera cola o no. El segundo porque lo conocía, y aunque nunca me interesé por su vida privada más allá de lo esencial me consta ahora que rompió unos 13 o 14  de los 10 mandamientos y el  último, sus amigos me lo dejaron claro.

En fin, si la palmo un dia de estos, me gustaría que me enterraran en el cementerio de mi pueblo como ya dije en algún post, que no se haga ninguna misa, (son horrorosas para las rodillas, tanto levantarse y sentarse), y sobretodo que salgan mis amigos a hablar mal o bien de mi…mis amigos, mujer o hijos, nadie mas.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Al Fenici dice:

    Reblogueó esto en Al Feniciy comentado:

    Aquellas cosas de un 5 de Mayo de 2013

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