Morirse con estilo!

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Lo de morirse tiene su punto trascendental. Yo os he dicho que me encantaría que me enterraran en mi pueblo, soy de los antiguos. De todas maneras en el cementerio de Alella, según su alcalde, solo quedan Columbarios, que es la versión cutre de una lápida o la ceremonial de esos almacenes por metro cuadrado que empiezan a abundar en el extra radio de la ciudad. A mi el tema Columbario no me pone para nada, así que he decidido hablar con mi amigo David para empezar a excavar un agujero intraterrenal para enterrarme en mi casa. (bueno, en la que vivo de alquiler no sé asta cuando).

Pero volvamos al tema de la muerte y su punto: la gente no habla mal de los muertos, de hecho es complicado hablar mal de alguien que esta allí, como tibio, pero inerte y sinceramente ido. Normalmente hay dos opciones y una tercera poco frecuentada.

  1. La primera y sin lugar a dudas la más común, facilona y evidentemente carrinclona es hablar bien del muerto. Es lo más recomendable y sobretodo lo políticamente correcto.
  2. La segunda, más dura, es cagarse en todos sus muertos, habidos y por haber, (esta solución pasa por llevarla a cabo en tanatorios que estén cerca de un hospital, como el de Badalona), y en el momento en que el cura flipado que oficia 30 entierros al dia pide “un pensament per el mort” levantarse y explicar sin cortapisas, cuantas veces se fue de putas.
  3. La tercera es, sin termino medio, desplazarse al entierro con un zippo y una bombona de butano y oficiar in situ, una cremación “out door” del muerto. Para llevar a cabo esto, hay que tener una buena cobertura civil y sobretodo un par bien puestos. (yo personalmente recomiendo primero, llevarlo a cabo con un muerto desconocido y a ser posible con pocos amigos.

Pero volviendo al punto de palmarla, lo mejor es cuando todos se meten a contar anécdotas del muerto. Que si esto, que si ello, que si lo otro…

Es imprescindible tener un buen par de anécdotas, evitar el sexo, sus desviaciones y sobretodo, el hecho que era un pelma, un aburrido o definitivamente un capullo o un don nadie en toda regla.

Es recomendable, antes de morirse, pagar una suma nada despreciable para tener gente, actores o simplemente extras que se despachen a gusto dejando una imagen que quedara en la retina y el tímpano de los asistentes para años.

Recuerdo un funeral al que asistí por error, donde las putas bien vestidas asistieron recatadas a la ceremonia del muerto. Hablaron de su vida, de sus cenas, de lo bueno que era y sobretodo, de lo humano que siempre fue. El problema fueron su mujer aburrida y su madre gritando a voz en grito diciendo que el cabrón bien se parecía a su padre. Este ultimo, escondido tras las columnas de la iglesia, saludaba disimuladamente a la Puri, la Pepi, y a Ebano (dehesa del Níger) que le tiraban besos indiscriminadamente durante el sepelio.

He de pedir perdón puesto que me perdí el entierro del padre de mi amigo, pero he de reconocer que ello me llevo a pensar que tengo que insistir en un nicho para mi humilde cuerpo, y sobretodo en contratar muchos extras para la ceremonia, puesto que últimamente parezco no tener muchos fans.

 

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