Hoy toca a Cernuda.

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Estos dias he estado leyendo a Cernuda. Nueva York y Cernuda tienen algo que no sé porque enganchan. O quizás la desconexión que me produce otro fuso horario, me lleva a poder leer con tranquilidad esa poesia que nunca me ha abandonado, desde que descubrí, y le empecé a robar, los libros a mi padre. Ya podia él firmarlos en la tercera pagina y la 14, que mis incursiones terminaron por trasladar sus libros desde los estantes perdidos, a los de mi habitación adolescente.

Cernuda, Salinas, Benedetti, Octavio Paz, y un largo etc de poetas hispanoamericanos donde me perdí durante tantas tardes y donde aún hoy me ando perdiendo sin reparo y sin remedio.

Esta vez le tocó a Cernuda. Ellos siempre me acompañan de viaje. Y esta vez le toco a él viajar en una avioneta de United destino a la gran Manzana.

Me quedé con este poema, un poco desgarrador lo sé, pero con el frio que pasé en Madison con la 57th y el frío que siento dentro, me venia al dedillo. Un muy buen amigo mio perdió a su padre estos dias, mi amigo Nacho, y otro al que siempre sigo, Ricardo, perdió a su abuelo. Cernuda, como un hilo que conectó al mundo esta semana, habiendo éll paseado por las calles de Manhattan, y habiendo dado con sus huesos a roer en el D.F. me dio la llave para sentirme tan lejos del mundo y tan cerca de ellos.

ny

 

Donde habite el olvido,

En los vastos jardines sin aurora;

Donde yo sólo sea

Memoria de una piedra sepultada entre ortigas

Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

 

Donde mi nombre deje

Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,

Donde el deseo no exista.

 

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,

No esconda como acero

En mi pecho su ala,

Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

 

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,

Sometiendo a otra vida su vida,

Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

 

Donde penas y dichas no sean más que nombres,

Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;

Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,

Disuelto en niebla, ausencia,

Ausencia leve como carne de niño.

 

Allá, allá lejos;

Donde habite el olvido.

 

No escribiré mucho más, hoy.

Últimamente parece que mis textos pasan por una cirugía de disección intentando de encontrarle un alma al sapo. Algunos la encuentran y otros no saben ni donde mirar para encontrarla, pero bueno, parece una ejercicio constante de caza al pobre fenicio.

 

Bona Nit!

 

 

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