Tibio aliento vital….

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Jugar al juego de la vida, desatarse y frente al precipicio de los mortales saber que cada paso te llevará a algún sitio, y que sin él, en el pausado momento de serenidad y contemplación, tus pensamientos volaran en completa armonía con la brisa del mar, o la certeza de un amanecer correcto. Jugar a vivir, y jugar a morir, jugar a querer, y jugar a Ser todos y cada uno de los días que te son ofrecidos sin más. Algunos mueren tremendamente jóvenes, sin saberlo, como de golpe y sin explicación, perduran en nuestras mentes de forma pesada al principio, recordándonos lo frágiles que somos. Luego, su recuerdo, como puntas fugaces de alegría, iluminan esporádicamente nuestros caminos, o nuestras soledades. Nos recogen a contra pie, como con susto, y un breve paso por vuestra retina interior, es capaz de alegrarnos el día o entristecernos la noche. Algunos mueren tremendamente viejos, solos y entristecidos, mueren silenciados y mientras, el mundo pasa a su lado con sus ruidos, nadie recuerda que están allí, o que alguna vez lo estuvieron. Son los últimos en caer, viejos robles centenarios que ya no recuerdan quien los plantó algún día. Pero todos, todos, nos empeñamos en jugar al juego de la vida, al desastre vital, a los momentos de gloria, a ser felices o a sentirnos tristes, a ser nosotros o a ser otros a través nuestro. Y es que a través de los otros sabemos quienes somos cuando no somos capaces de conocernos solos. Y vivir, como si no viniera a cuento, supongo que de eso se trata, como si el mañana o el instante siguiente pudiera existir en un único momento de bondad eterna. Vivir como casi porque sí, porque así es, intuyendo, y convenciéndonos que entre los dioses y nosotros no existe más que un breve y tibio aliento terrenal. africa Siento últimamente un hastío extremo a mi alrededor, la gente anda triste, casi como si arrastraran con sus pies, la única e intransferible alma que tienen. Veo muy a menudo sonrisas rotas y miradas sin esperanza que cruzan mi cuerpo para estrellarse en un más allá inconcreto. Oigo, entre rumores de viento glacial, sollozos callados de gente que apuesta ya, por el no llorar, por el callar. Me canso. Todos tenemos una vida complicada, unos más que otros es cierto, pero todos somos victimas de tribulaciones y desengaños. Levantarse cada mañana es un esfuerzo de titanes y afrontar según que cosas es, de largo, verdaderamente injusto. Hay gente que quiere ser querida y no lo son, otros que quieren querer, y no pueden, otros tienen hambre, otros frío, y otros, muchos no tienen ya ni lágrimas tras tanto llanto, vivimos un tiempo de mierda, con bastantes pocas expectativas y un futuro que “nos” pintan negro. Pero yo tengo una pregunta, no creéis que este “nos” es bastante sospechoso? No creéis que es mucho más interesante un pueblo jodido, aplastado, sin expectativas, y básicamente deprimido? Esta vida es un regalo, mirada y observada desde cualquier ángulo: la fría brisa de un amanecer en invierno, una caricia mal dada, una sonrisa cómplice, el silencio, el ruido, unos labios inquietos o una mano segura. El ruido de los coches o la calma salpicada por el run-run de unas olas rompiendo en la playa. Los amigos cerca y los enemigos también, caminar por el bosque o la calle, y un niño dando la mano a su padre. Vivir, tan intensamente como sea posible, tan coherentemente como podamos vivir al fin y al cabo, y, sobretodo ser conscientes de que somos únicos e irrepetibles, esta única y sola vez.

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