Barcelona-Casserres-Argestues

Ahora tengo la soledad entre mis manos. Ha sido un camino largo, a decir verdad tedioso, francamente iluminante, descaradamente doloroso. Creo pensar que ha sido una carrera cuesta arriba, o cuesta abajo, tremendamente larga, y angustiosa.

La montaña se ha comido con voracidad el sol, no ha dejado ni rastro de él, y el frío implacable hiela ahora sin perdón cada uno de los rincones que dormitan allí a fuera, lejos del ventanal que me enfoca al Cadí, ese gran Cadí al cual mi abuelo Josep Joan, el sordo, me pedía cada mañana que mirara desde la ventana de la casa de Casserres.

Ha sido un viaje alargado, que no largo. El GPS del coche de nuevo rico apijado me pedía una ruta vía Pons, pero inexplicablemente mis manos al volante me han llevado a sitios antiguos, espacios sagrados para mí que nunca caen en el olvido. Me siento solo, muy solo, y supongo que es por ello, que mis instintos me llevan a reductos de felicidad completa. No sé porqué, y sin venir a cuento, he tomado consciencia en la carretera de Puig Reig a Casserres. Las mil curvas y las mil vomitonas de mi infancia, algunas en verano y las más al volver del dia de la Mona, en la que mi padrina, la madre de mi madre, una mujer agria pero generosa, me ofertaba con un pastel de mantequilla que hubiera sentado mal hasta a mi amigo Ricardín, para mí, parangón del estomago hecho de cemento armado. He comprado una langoniza y me he tomado un café en “el café de la carretera” que estaba casi tan cutre como lo recordaba. De allí, como si fuera un puto delincuente me he alargado hasta “la casa de casserres” y la he visto triste, casi como si estuviera dejada de la mano de Dios si es que nunca Dios tuvo mano en ella. He parado el coche cerca de la “bassa de les granotes” y el resto lo he hecho a pie hasta la casa del Senyor Albert, que a dia de hoy debe de estar criando malvas y me he cruzado con su hijo, L’Albert. He sentido un vértigo tremendo. Camino arriba, he tirado una piedra en “la bassa”, y me he largado de allí.


casserres

Gironella-Berga-Cercs-túnel….Cercs: el castillo del miedo continua allí, solitario, en venta, sin ventanas, abandonado, con el pantano de la baells que siempre me pareció tétrico y misterioso a los pies. Ha sido sin venir a cuento un revival a lo grande, Cercs continua siento un pueblo feo de verdad, y no hay nada más maravilloso que la verdad. Por un momento me he sentido niño de nuevo. Pero luego, me he dado cuenta que nadie más que yo estaba allí.

Tunel- Cerdanya- y Frontera…y de golpe uno de los momentos felices de mi vida me ha asaltado como un Maqui Navaja en una esquina, y es que ese viaje sin radio, con mi padre a Andorra fue, de largo, el momento más intenso, la proximidad más bestia que nunca haya sentido con el Dr.Prat, siempre tan correcto y distante, seguramente sin quererlo. Recuerdo haber subido al Principat con una mierda de coche. (no paro de repetir a mis hijos que yo a su edad no iba con los coches que ellos van) a comprar una Emisora President McKinley a Andorra. Recuerdo llevar el dinero en el bolsillo dentro de mi billetera Mistral, la pastarrufa que mi abuela me había dado por navidad, siento aún como me soplaron los billetes uno a uno, por esa emisora que aún conservo. Y sobretodo, lo que más recuerdo es a mi padre, fuerte, conciso, inmenso, sobradamente seguro, pasando esa radio de contrabando, y al final pagando los impuestos como “una bona persona”. Mi padre… Gran Hombre.

cal-sodhi

Finalmente Argestues.

 

Y aqui estem.

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