Welcome 41….

Todos es posible, se ha desatascado el water y ya no oigo a la vecina del cuarto, no puedo quitar los ojos de la foto. Siento, entre pasito y pasito que la crisis se acerca y se aleja, se queda y se va, como un tango en parís sin jabón y sin respiro. Tanta jodienda con los 40 y resulta que los 41 se presentan peor. Unos putos cables pelados, unas luces que no se encienden, la jungla ruidosa del amanecer y ese sabor seco en la boca que nos provoca a todos el veranito de San Jorge.

Las aceras grises de la urbe se parecen a mandrágoras no curadas, apetecibles y dispuestas en fila para mi perdición absoluta. Nueva York, Tokio, Hong Kong y mi pueblo, y todo el resto de ciudades que se abrieron de par en par a la perdición total de esta madrugada sin rumbo.

40 putos lustros invertidos en vivir, y otro año a cuestas, sin remedio. 41…y como siempre!

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Parece mentira pero alguien me ha preguntado si se me había pasado la jodida crisis de los 40, y la respuesta ha sido no, tanto vivir en la navaja te hace fuerte y débil al mismo tiempo, vulnerable y completamente invencible, tranquilo y completamente imbecil, tampoco deseo su fin, tampoco lo desea, creo. La gente de mi entorno se aprieta el cerebro en encontrarme un porque, casi imagino lo que piensan y yo, el rey de la sonrisa infinita me siento tranquilo con mi cara estúpida de complacencia adquirida en el mercadillo de los viernes. Si supieran, por un breve instante, sobre la mitad de mis actividades se les caerían las lentillas a los cegatos, y el tinte a las rubias con ayuda que pueblan sin gracia el asfalto.

Vivir en la aurora permanente, la clandestinidad absoluta y tener al silencio, el verso, y los besos como espadas, trastoca por completa el posible abandono de una crisis vital.

Vivo sumergido en ella, desde hace suficientes días, instalado en su sin sabor y su aventura continua, dejando de lado y aceptando como un freak de medio pelo sus alhajas y sus recuerdos aun no vividos, siempre con un pie en el cementerio de la pasión y otro en la puerta Este del paraíso.

Abandono pues hoy a las 23:30 mis 40 pistolas, mis cuarenta primaveras de abril, mis 40 suspiros, jadeos, improperios y proyectos, mis 40 desgracias y mis 40 fracasos, mis 40 laureles de oro, y mis 40 victorias al limite, pensando, sabiendo, que ni han estado tan mal, y sobretodo sintiendo que esta crisis vital continua debe de perpetuarse unos años más aunque solo sea cuarenta más, ya que no hay nada más jodídamente fantástico que sentirse vivo y en consonancia absoluta con una aurora sincera que veré mañana con 41 a las espaldas.

P.S.: por cierto para incrédulos y capullos, que sepáis que me he cansado de escribir sobre la crisis de la mediana edad, así que quede este post como último sobre este tema.

 

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