Ona…

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La observo desde el despacho, nuestro ring personal de boxeo, donde compartimos mesa, silla, y radiador desde hace casi 17 años. La miro tumbada en el mismo sillón donde yo, cuando era pequeño, hacia mis siestas; ella dormita. Domina desde allí todo el espacio, y con ligeros movimientos de oreja, escanea el ambiente. Compartimos cama, almohada a veces, mujer y niños. Compartimos un poco de jamón cocido, el poder sobre los perros, y tiempo, muchísimo tiempo, hoy empieza a ser, demasiado tiempo.
Es mi primera mujer. Me casé con ella antes que con nadie, y si, fue con ella que discutí al principio como perro y gato. Ha visto nacer a mis hijos, ha visto pasar más mujeres por mi cama que nadie, y ha visto, mil veces, como solo ella compartía ese gran espacio donde dormía. Lo ha defendido a mordiscos, a arañazos, lo ha defendido como una gata panza arriba: como si no hubiera mañana. El que parece que hoy no tiene.
Era hacer maletas para irme y se retiraba en un rincón, me odiaba. Como puedes dejarme otra vez con tus aires de viajante. Era llegar y pegarse a mi, como esas amantes obsesas que te quitan el oxigeno. Ahora más vieja y sabia, reclama su espacio con silencio, con una mirada, con un sentarse en la mesa del comedor entre mi café de las 5 de la mañana y la pantalla. Esta aquí, lo se yo, lo sabe ella, y hierática, lo hace saber a todo ser viviente de la casa. Soy suyo, siempre lo he sido, y, sin saber porque la respeto yo más a ella, que ella a nadie. Porque eso si, ella no respeta a ningún ser vivo. Esta ella, y luego el resto.
La miro desde el despacho, y veo que ya no se despereza con la misma agilidad de antes, aunque eso si, detalle no pierde. Mira con sus ojos multicolores, y me detecta, se acerca y se acaricia ella misma conmigo. Me mira como siempre, con desdén y admiración, supongo que no entiende que la haya aguantado tanto tiempo sin pedirle el divorcio, sin echarla de casa.
De noche, me sigue a todas partes, de día se sienta en mi mesa, en su rincón y observa. Pero hace unos días, que parece saber la verdad. Parece saber que sus dias están contados, parece saber el peso que siento en tomar una decisión como esa. Lo hice con Mona porque mi padre no quiso hacerlo, lo hice con Machín hará que? 4 años ahora? tendré que hacerlo con ella. Pero no puedo. Ellos eran míos, y yo era su amo y señor. Ella, yo soy suyo, ella decidió adoptarme y vivir esta vida mía conmigo, no al revés, y me cuesta saber, decidir, opinar o…cualquier cosa en relación a ella.
Os parecerá extraño a muchos, pero es, de largo, la decisión más complicada que he de tomar en mucho tiempo. La gente lo llama “dormirla” yo directamente habla de sacrificarla.
Alargo la mano y le palpo el bulto que tiene en el pecho. Supura. y luego la miro a los ojos. Y ya no me mira con desden, creo que algo intuye, o directamente el cancer esta ya tan extendido que ya no sabe porque le doy alguna que otra medicina.

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