Mi nueva realidad…

No puedo evitar escribir estos días. Es cierto que la actualidad me lo pone fácil, pero también lo es que yo quería escribir de algo muy distinto. Si, quería hablar de todo lo que he comido, y que parece que he almacenado, en mis abdominales. He pasado de tener un vientre plano y turgente, a algo parecido a una montaña de nata montada.

Sé que no es políticamente correcto hablar de mis michelines mientras hasta Marianito “mon ami”, habla de libertad, pero es preocupante pensar que mi figura atlética se ve distorsionada por alguna cosa que no estaba allí.

Estas navidades nos han traido una maquinita de hacer pulseras, (valga Diós que mi opinión sobre los hippys que las venden, ha cambiado un huevo); un par de calzoncillos y unos calcetines. Los calzoncillos no me caben, los calcetines han pasado a ser patrimonio de uno de mis perros, que me gruñe si me acerco para recuperarlos. Lo de las pulseras es algo fascinante ya que ha transformado a esta familia en un taller pseudobangladeshico donde todo el mundo se dedica al noble arte de tejer. También es verdad que aún nadie me ha hecho una y yo, me niego a hacermerla a mi mismo, seria como una masturbación amparada en la primera revolución industrial.

Lo de estas navidades parece ser nefasto, y por mucho que quiera verlo cóncavo, parece ser convexo a tope. Debe de tener mucho que ver el no haber viajado, el haber comido de forma insaciable, la “fresqueta” que ha hecho y la ingesta de cebada liquida en cantidades ingentes. Mi mujer dice que ronco, algo tan viril como eso, parece molestar, y algún que otro indocumentado me ha recomendado que haga régimen. Y es que parece que ya nada es lo que era desde que cumplí los 40: soy más feliz, me estreso menos, como mejor, no fumo, descanso, hago deporte; vamos, sanote sanote!

Se que este post no va a ninguna parte, pero es tremendamente deprimente el ir apretando el abdomen cada vez que voy al gimnasio del pueblo. Dicho sea de paso habría que ponerle el nombre de Gimnasio Francisco porque de largo es una de las cosas que más calidad de vida ha aportado a mi pueblo. Entro en las instalaciones vientre adentro y sin respirar y no puedo dejar de contracturarme hasta que me meto en la piscina. Ir a la sala de fitness no es un trending topic, por descontado y lo de correr disfrazado empieza a ser una costumbre de la cual hay gente que habla.

Hacer deporte pues, de incognito y sin pulseras es una realidad. Duermo en el jardín para no molestar a nadie, y como a escondidas. La cebada es un tema tabú; pero ser un apestado tras una navidades tan floridas es básicamente, duro. Me resisto a pensar, y a escribir que soy eso, un gordo feliz, uno de esos tipos simpáticos que son capaces de cambiar el canal con la barriguita cuando antes lo hacían con la punta del pito.

La actualidad merece espacio en mi blog, pero también mis traumas personales. Hasta los capullos de Lufthansa me han mandado una carta informándome que al ser senator puedo cambiar la posibilidad de doble equipaje por doble asiento si mi inversión culinaria continua aumentando a este ritmo. (va parir….).

Os dejo, voy a cenar. Va …os prometo que mañana hablo de algo más anecdótico, como Rajoy o el Opus.

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