Resiliencia

Sin tón ni són, y aunque sea musical, el aburrimiento me asola como una apisonadora asfáltica. És el momento de los pequeños Egos, el “no me gusta lo que me dices”, o el “no me gustas si abres la boca”. Sentarse en el rincón o exiliarse en esa nevera llamada, o mal-llamada despacho, es una solución, caduca. Conozco algunas mujeres que se esconden tras quilómetros a solas, otras que encuentran en una languidez eterna su absolución divina, y muchas que vuelcan inseguras, la mierda, en la espalda del prójimo. Conozco a otras como a Suiskas http://lasmovidasdesuiskas.blogspot.es que les suda todo un poco y que son en parte, espejo de resiliencia.

Resiliencia …ese termino tan manido que me empieza ya a sonar a “salade Niçoise” o a ITV: ni una quita el hambre ni la otra sirve para nada.

Uno tiene sus cabreos, cuando se es joven, no son periódicos, son esporádicos, luego, de la misma manera que empezamos a deleitarnos leyendo el diario de manera constante, aunque no sea cada día, si a horas determinadas, nuestros cabreos sin sentido se vuelven constantes, necesitamos, (de hecho es vital) demostrar que podemos enfadarnos. No recuerdo cuando era joven, niño, sabio e incólume, el enfadarme. Existía sin más razón que la eternidad y sin más razonamiento que el hambre. No recuerdo el estar enfadado: recuerdo la rabia, recuerdo la violencia, recuerdo sin lugar a dudas las envidias corrosivas y cláustricas (de silenciosas) cuando alguna cosa no era de “mi gusto”, pero el enfado en si, constante como un rechinar de puerta, no lo recuerdo.

La vida era una puta montaña rusa fantástica, todo se vivía al limite y los partidos de futbol en la placeta (ahora casa de los Altimira) eran eternos, casi tanto como la sonrisa de la Nuria del Garden, como la velocidad hiperespacial del skate blanco de Alex o simplemente como los dientes de sable de Jeremy Barnum Flint, mi primer amigo de adolescencia y el único capaz de cambiar en una conversación del pote de cristal donde su madre guardaba los condones a simplemente el paso de vallas de Toni Lanau.

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Ahora no, ahora tienes que estar enfadado, o feliz. Te puedes follar a tu vecina pero no puedes contarlo, o tienes que ser un hacha del business sin que se note, aunque las hemorroides puede que te delaten. Esta debe ser la sociedad de los grandes o simplemente, eso llamado stablishment. Con lo guay que seria, y es, decirle al personal que son gilipollas cuando te lo parecen o simplemente, pasar un poco de todo?

Reconozco que paso días fantásticos con mi hija, aún es suficientemente niña como para soltar, de vez en cuando, algún comentario inapropiado. Reconozco también que mi hijo, preadolescente, me devuelve una frescura olvidada. Se peina mejor que yo y sobre todo disimula fatal. Pero, me doy cuenta también, que soporto cada día peor a los imbéciles en general…

Hoy me he encontrado a uno en la piscina, después de aguantar sus comentarios de lo bien que le va..(25 minutos) le he preguntado si era posible que se ahogara de vez en cuando en sus baba. “Es designio sin excusa parecer un ser fantástico recién bajado de una nave proveniente de andromeda…”

 

He decidido pincharle las ruedas del Smart con el destornillador afilado que siempre llevo en la puerta del coche preparado para insulsos, optimistas sin crédito, y capullos sin seguro ni autorización. Esta vida necesitaría un poco más de enchufes cortocircuitados en momentos necesarios y menos selección natural, nos ahorraríamos unos cuantos tontainas y tendríamos mas gente feliz.

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