El Principio de Peter y la vida

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Hoy (o ayer), mi amigo Jean Pierre me hablaba del Principio de Peter. Hacia días que no pensaba en él y sobretodo y es curioso, hacía mucho tiempo que me había olvidado de lo vigente que puede llegar a ser este principio en más de un aspecto de mi vida.

Si, ya sé que estáis cansados de escuchar que me veo rodeado en mayor parte por mediocres, pero es que al menos, y a nivel profesional, cuando más subes en la jerarquía más atontados, rencorosos, viciosos de la venganza e imbéciles encuentras. Mi padre solía decir cuando era un mandamás que era sin lugar a dudas la excepción que confirmaba el Principio de Peter, y yo, desde mi posición de pobre autónomo, cansado de mi vocación y con múltiples reuniones diarias para “vete a saber qué” me doy cuenta que este principio se cumple casi a rajatabla.

He llegado a la conclusión que los que más me gustan son de dos tipos: los inútiles en toda regla, y los “pretenders”. Unos porque no dan nada de juego, y los otros porque me divierten y siempre puedes sacar algo en limpio de ellos.

Una de las empresas para la cual trabajo ha conseguido reunir en su cúpula no oficial (pero que manda) una chica de Marketing que ni trabaja, ni deja trabajar: ha sido capaz de arrinconar a un creativo muy bueno (aunque endiosado como muchos creativos) y sobretodo ha capado casi todo lo que había de bueno y auténtico en la empresa, ha instaurado la mediocridad como divisa de su mundo. Luego hemos tenido la desgracia de contar con un controller que solo ve números y aún peor, ve los números como armas de dispersión: este a matado varios departamentos que funcionaban como la seda: logística, producción, hasta contabilidad, porque claro el que te controla puede hundirte. (lo decía mi amigo Orbaiz, el papel y un puto contable, lo aguantan todo) Y finalmente, en el departamento comercial han instaurado a un pelagatos onanista que hundirá la empresa a toque de tupé. Un triunvirato creado a dedo por un hombre gris, el rey del champú y la caspa (y aquí os dejo un acertijo). Son todos y cada uno de ellos un ejemplo de que el Principio de Peter tiene su razón de ser.images-7

Pero el mismo principio podría ser auto-aplicado? Es decir, soy o debería ser yo también una victima del principio de Peter? Puede que sea yo también uno de estos mediocres con los cuales me lleno tanto la boca hasta atragantarme?

Puede que si.

De todas maneras, si hubiera una manera posible y real de medir o de juntar variables como felicidad-infelicidad + principio de Peter en la vida de manera completa: profesional, espiritual, emocional, podríamos llegar a cabo un espectro mucho más real de cómo este Principio de Peter nos afecta o como podemos usarlo. Estoy casi seguro que muchos y muchas amantes caerían por su propio peso frente a la realidad cotidiana del amor; creo que seriamos menos exigentes o quizás menos pretenciosos con los nuestros, entenderíamos más a los que queremos y seriamos capaces de hacerlos más felices. Hasta nuestro lenguaje cambiaria. Y se haría menos taxativo o maniqueo. Si fuésemos capaces de auto-aplicarnos el Principio de Peter en todas las esferas de nuestra vida seriamos mas emocionalmente efectivos, y por descontado más atractivos socialmente y humanamente. Por ejemplo, creo que mis perros tienen asimilado el Principio de Peter.

Pero claro, todos queremos más, sin entender a veces que más es menos. Las victimas del Principo de Peter se auto-protegen tanto y se sienten tan fantásticas que al desbordar su mediocritud hacia fuera, destrozan todo lo que se relaciona con ellas: vidas, empresas y hasta la confianza.

Deberiamos de ser pues mas conscientes que no somos el ombligo del mundo sino en general, su culo.

 

El principio de Peter o principio de incompetencia de Peter,1 está basado en el «estudio de las jerarquías en las organizaciones modernas», o lo que Laurence J. Peter denomina «hierachiology» («jerarquiología»).2 Afirma que las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, tal que cuando no pueden formular ni siquiera los objetivos de un trabajo, alcanzan su máximo nivel de incompetencia. Este principio, formulado por el catedrático de ciencias de la educación de la Universidad del Sur de California en su libro The Peter Principle, de 1969,2 afirma que:

En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia: la nata sube hasta cortarse.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. “Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes”.

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