Dolores y sus tobillos.

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Escribes mucho me dice mi nueva amiga, virtual, Dolores… Debe de ser un pasatiempo aburrido esto de escribir, y leer. Me gustan sus tobillos, no los de dolores, sino los virtuales. Le miro los tobillos, parecen agujas de coser, algo así como una depreciación inminente de mi Yo, el súper Yo de Nietzsche, o simplemente el Yo embriagado de tobillos.

Me gustan sus tobillos y me gustan los tobillos, quizás esté enfermo, cada vez más, muñecas y tobillos me transportan a limbos desconocidos, ignotos, ignífugos. Los miro de lejos. Es tan complicado mantener a salvo tobillos y muñecas del paso del tiempo.

Me gustan sus tobillos, y, aunque llevara botas o simplemente no tuviera tobillos, caería pausadamente en mis rodillas para acercarme a ellos, verlos, del derecho y del revés, hasta que simplemente, se fueran corriendo. Lo harían, no es normal un tio genuflexionado, si no es para felar o para rezar, más de lo mismo, pero para observar unos tobillos inmóviles ?

Los tobillos, sus tobillos, tienen algo extraño, algo despiadado, no pueden actuar sin sus piernas, no pueden seguir a sus pies, pueden pero no quieren, están ciertamente congelados en un espacio tiempo placer sin salida. A las muñecas les pasa lo mismo. Son ese conjunto extraviado de personalidad que desbordan erotismo o simplemente intención. Existe algo que lo distinga? Tengo que organizar un club de fans de tobillos bonitos, de muñecas despiadadas, un grupo que admire de las mujeres esas dos articulaciones tan inteligentes. Las muñecas por lo que mueven, los tobillos porque son sin lugar a dudas los que mueven el todo, como ese punto de gravedad que nadie conoce y que sin lugar a dudas da la llave del todo. Me gustan los tobillos.

Luego aparecerán los fetichistas, los locos, los que me llamaran loco o simplemente los que se cansen de leer. A ese le gustan los tobillos, ya ves, y las muñecas, te imaginas? Conozco a alguno de estos, están en la puerta de la escuela, o en sus casas, onanistas de gafas redondas y nariz marcada. Yo, observo los tobillos de sus mujeres, de hecho, espero con deleite la llegada de la primavera para verlos, para sentarme tranquilamente en un banco del paseo y ver pasar tobillo tras tobillo, la historia de un pueblo. Cuantas querrán ser recordadas por sus ojos, o su sonrisa, o simplemente por algo, y nosotros solo las recordaremos por la finura de sus muñecas que nunca atamos y sus tobillos, esos tobillos finos de aguja que las paseaban de un lado a otro.

Hoy Dolores hablaba de mi blog, y yo pensaba en tobillos, finos, turgentes, prominentes o sencillos. Escribes mucho no? Y esas muñecas que mueven los lápices me persiguieron hasta las ocho. Y tobillos y muñecas y ese estar sin ser visto, me acompañaron una tarde entera, o el resto de esa tarde entre dolores, tobillos y zapatos planos, anti sexys a morir.

Dolores tiene tobillos, lo sé, son virtuales, pero poco a poco, llegará una primavera, y tobillos y muñecas despertarán a ella, dejando atrás capas negras de ropa, dejando atrás un invierno, duro, y largo.

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