La diáspora del mobiliario de tiendas emblemáticas de Barcelona

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Que vergüenza de ciudad por favor, y que vergüenza de tecnócratas.

El mobiliario de las tiendas emblemáticas que ya han cerrado a causa de la LAU empieza su particular diáspora. La suspensión de las licencias de obra en 389 comercios singulares de Barcelona, vigente durante un año y a punto de caducar, no ha impedido que algunos locales ya hayan iniciado una transformación irreversible. Es el caso, por ejemplo, de la tienda de instrumentos musicales y partituras Musical Emporium, situada en la Rambla de Canaletas. El propietario del inmueble exigió por burofax al titular del negocio que devolviera el local totalmente vacío. Y Lluís Castelló –nieto del fundador y ya octagenario– y sus tres empleados emprendieron el desmantelamiento reclamado. El 15 de enero perdieron el empleo los cuatro y este viernes 6 de marzo han entregado las llaves. Punto y final a 114 años ejerciendo de oasis para melodías y melómanos.

“El mostrador lo vino a buscar un señor de los Encants Vells… ¡Gratis, claro! ¡Y aún gracias que no tuvimos que alquilar un camión!”, protesta un empleado de la tienda y hombre de confianza de Castelló, minutos antes de la entrega y de evidente mal humor. “Ya está, déjalo estar, ya no se puede hacer nada, el local está vacío del todo y ya no existe el Musical Emporium”, zanja. Desde hace unos días circula el rumor entre el sector comercial y de patrimonio que un coleccionista belga habría comprado –a la tienda o a intermediarios– uno de los singulares archivadores de partituras y que la magnífica puerta de cristal –con un grabado de musas modernistas [vea la foto annexa] – también ha hallado enseguida un comprador.

Cuando el Ayuntamiento de Barcelona tuvo noticia del vaciado, requirió por carta a propietario e inquilino el retorno de los bienes muebles del local, al considerarlos patrimonio histórico de la ciudad. “El Distrito de Ciutat Vella ha instado a un proceso de restitución para que devuelvan aquellos elementos que estén catalogados”, confirma una portavoz municipal. La solicitud, sin embargo, choca con dos obstáculos de inicio: la difícil localización de los elementos vendidos y la escasa concreción del Catálogo de patrimonio y del propio consistorio sobre qué debe conservarse, cómo y dónde. De momento el municipio tampoco aclara si el expediente puede derivar en sanción en caso de no poder efectuarse el retorno. “¡Ya lo veremos, si se nos puede multar!”, asevera el empleado de la tienda, que asegura que han presentado alegaciones a través de un abogado. “Fuimos con la carta a la sede del Distrito y no supieron decirnos dónde constan los muebles que deben conservarse”, señala.

Las sillas de Áncora y Delfín, en FAMA
Las trabajadas sillas que decoraban la librería Áncora y Delfín, un establecimiento de referencia de la avenida Diagonal -fundada en 1956- que cerró en febrero de 2012, podían comprarse este fin de semana en uno de los estands de la selecta Fira d’Art Modern i Antic (FAMA) de Barcelona, dedicada a las antigüedades y el arte. De madera y con un artístico trabajo policromado en el respaldo, se exhibían junto a un pequeño texto explicativo de su origen. El precio de venta para el juego completo de nueve sillas era de 6.000 euros.

“Uno de los elementos emblemáticos de la librería era el diseño de la tipografía corporativa, realizada en los años 50 por el interiorista alemán Erwin Bechtold y que se acabó aplicando a todo el material de papelería de la tienda así como en la rotulación de la entrada”, explica el texto. El rótulo fue donado por los propietarios de la librería al Disseny Hub Barcelona.

Donación de El Indio al MUHBA
No todo son malas noticias, no obstante. Uno de los comercios que ha tenido que cerrar por la LAU, la tienda de textiles El Indio, ha donado parte de su decoración del Museu d’Història de Barcelona (MUHBA). “Estamos muy agradecidos de que el propietario del negocio nos haya cedido varios elementos muy bonitos y representativos”, alaba Josep Bracons, jefe de colecciones del museo. Entre los objetos entregados hay un muestrario de ropa de abrigo, un ventilador de los años 20, rótulos, unas placas metálicas Art Déco y un medallón con una figura femenina que servía para anunciar ofertas en el escaparate. “No podemos competir con los anticuarios… Si alguien ofrece un dinero al comerciante, que lo está pasando mal por tener que desmantelar su negocio, es lógico que acepte”, justifica Bracons.

A finales de año el propio jefe de colecciones recorrió en persona varias tiendas históricas que estaban a punto de cerrar, para ofrecerles la posibilidad de donar las piezas más singulares al fondo del museo. “En varias ocasiones, al entrar me crucé con gente sacando los muebles en una carretilla”, comenta. “No queremos entrar en qué tiendas han accedido y cuáles no, lo importante es la generosidad de los que han decidido cedernos estos objetos, que hemos integrado a la colección contemporánea”, indica Joan Roca, director del MUHBA. El museo recibe un goteo constante de donaciones a través de la iniciativa ‘Laboratori MUHBA. Col·leccionem la ciutat’, desde piezas muy valiosas hasta objetos cotidianos representativos de la historia reciente de la ciudad.

Fichas sin hacer y un frontal a tribunales
“Una parte de los muebles de las tiendas que cierran va al extranjero y otra parte a los Encants”, coincide Josep Maria Roig, propietario de la pastelería La Colmena y secretario de la Associació d’Establiments Emblemàtics de Barcelona, que reúne a los principales comercios históricos de la capital. “¡Pero si el Ayuntamiento no especifica qué hay que conservar, que no pida responsabilidades al tendero!”, dispara, enojado. “Que yo sepa, ningún comerciante ha recibido especificación alguna sobre qué debe conservar, si puede moverlo, etcétera”, añade. “Está a punto de cumplirse un año de la medida de gobierno que suspendía las licencias de obras y no se ha hecho casi nada, ni las fichas de cada comercio –donde debía detallarse qué es patrimonio– ni la definición de tienda emblemática… Lo empujarán al próximo mandato y levantarán la suspensión, ya lo verás”, se queja.

Fuentes municipales reconocen que la suspensión expira este viernes 14 de marzo, pero aseguran que “aún no se ha tomado ninguna decisión”. Hace unos días, otras fuentes políticas barcelonesas apostaban por una inminente prórroga de la suspensión.

La entidad está enfrascada en la lucha por conservar el frontal modernista de la filatelia y numismática Monge, en Portaferrissa, que será desmontada y reubicada para crear un gran acceso a las galerías comerciales que ocuparán los bajos y el primer piso del edificio. Este local –junto a la chocolatería Fargas, colindante– y una cestería de Sarrià, ahonda Roig, son los dos únicos casos en los que el consistorio ha accedido a levantar la suspensión. La asociación de comerciantes ha solicitado esta semana a la Conselleria de Cultura de la Generalitat “la incoación con carácter de urgencia de un expediente de declaración de Bien Cultural de Interés Nacional”, para impedir el desmontaje. También ha llevado el caso a los tribunales, pero muy probablemente el juicio se celebrará cuando la metamorfosis de la finca ya se haya consumado.

Otra tienda mítica de Ciutat Vella, la librería Sant Jordi de la calle Ferran, destaca también la falta de concisión sobre el patrimonio comercial. “Cada cierto tiempo entra alguien a la librería y nos dice que nos quiere comprar los muebles –unas preciosas librerías amarillas de madera con remates y grabados geométricos, florales y de animales–, nos ha pasado siempre pero quizá últimamente con más frecuencia”, responde Josep Morales, responsable de la tienda, que teme por su continuidad por la presión de la propiedad. “Es normal que estas ventas se produzcan, porque al no haber un plan municipal, la decisión recae básicamente en el comerciante”, sostiene. Señala, además, que no es un fenómeno nacido tras la aplicación de la LAU: “Los muebles de una perfumería que había frente al Liceu, cerrada hace unos meses, también fueron a parar al extranjero”. A Francia, concretamente.

“Aunque, para ser sincero, no le veo mucha gracia a conservar los muebles sin la atmósfera del comercio al que pertenecían”, rebate. “¿Te imaginas que dejan mis estanterías pero las llenan de tangas del Barça o de gafas de sol para turistas?”, cuestiona. “Además, si estuvieran catalogadas no sería justo que tuviera que regalárselas al propietario al marcharme”, añade. Touché. El debate es complejo.

Además, no todo el mobiliario tiene la misma salida comercial. “Que la tienda fuera famosa no significa que los muebles fueran de calidad o con un trabajo artístico relevante… Aunque pueden tener valor sentimental para alguien que se encapriche de ellos, claro”, analiza Miquel Llopis, buen conocedor del mercado desde su tienda de antigüedades en los Encants Vells. “Valiosos de verdad no quedan muchos”, agrega. También participa en las subastas de primera hora, dónde irían a parar con mayor probabilidad los lotes procedentes de tiendas vaciadas. “No me suena ningún lote emblemático reciente, el último fueron los muebles de la Casita Blanca en 2011”, señala. “Es posible que hayan llegado piezas sueltas o que no se haya explicitado en la subasta de qué comercio procedían”, opina Armand Colás, presidente de la Junta de Vendedores del mercado.

El cierre de la tienda histórica no es el único momento de riesgo para el patrimonio móvil del interior. “Tras el traspaso, muchos nuevos inquilinos conservan el mobiliario pero al cabo de unos meses hacen cambios o suprimen cosas para acomodarse mejor al local”, señalan Josep Bracons. Otro veterano comerciante, que prefiere no aparecer con su nombre en este artículo porque está negociando la permanencia de su tienda, advierte de la difícil preservación de la distribución interior de las tiendas antiguas. “A los nuevos arrendatarios no les gusta la partición tradicional, con zona comercial y trastienda separadas por el mostrador y las estanterías de productos”, indica. “Lo que se lleva ahora es destinar todo el espacio al público, para exponer más artículos y que compren más”, argumenta. “Esta configuración, que en cierto modo también es un patrimonio comercial, se perderá casi seguro porque no se lleva”, lamenta.

 

La diáspora del mobiliario de tiendas emblemáticas de Barcelona.

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