Las cosas maravillosas de hoy.

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Recogiendo 3 cosas que me han pasado por delante de los ojos hoy, enumero:

  1. Tómate tiempo para trabajar: es el precio del éxito. Tómate tiempo para meditar: es la fuente del poder. Tómate tiempo para jugar: es el secreto para la juventud eterna. Tómate tiempo para leer: es el camino al conocimiento. Tómate tiempo para ser amable: es la manera de ser feliz. Tómate tiempo para reír: es la música del alma. Tómate tiempo para amar y ser amado. (belen Simarro dixit)
  2. Haydée Politoff
  3. Lo he hecho porque tu no me miras lo suficiente.

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…prestar atención a las pequeñas cosas de la vida, a la belleza, a sus placeres, a mis pequeñas cosas, a él tan mayor ya que a veces siento cortar a hachazos nuestra distancia finita, la que siempre nos separará, y la que tantas veces nos tendrá para siempre atados. A ella, esa loca bajita y rubia, tanto tanto, que no sé aún si es más bajita que rubia o que loca o todo al revés, porque está alta como un esparrago con gracia. Y la que me da un poco del Todo, cada día, desde que luchamos juntos por morir juntos. Prestar atención a dedicarse a uno mismo: trabajar, pensar, jugar, leer, ser amable, reír, amar.

No ver el sol sino mirarlo, no ver un crepúsculo, sino sentirlo, no sincerarse de vez en cuando sino contarse a uno mismo la verdad. Es tan complicado a veces hacerlo. Acarreamos todos en nuestros adentros un pequeño compendio de mentiras, esas partes oscuras de nosotros mismos que no queremos visitar muy a menudo: pequeñas frustraciones que nos hacen pequeños, grandes miedos, cosas a veces absurdas, que nos hacen hombres y mujeres.

Queremos contextualizar, buscar las siete verdades del universo, o las siete reglas para ser felices, buscamos esa regla de tres que nos dé un resultado directo, inapelable y justo, y encontramos al final de la ecuación una incógnita llamada vida, y una variable llamada riesgo. Ninguna de ellas es cuantificable, y estoy casi convencido que desvelar cualquiera de ellas, su parámetro y su valor, me haría un tipo infeliz.

Noelia, a la que encaro de siempre de frente cuando entro en la piscina me hablaba de intensidad el otro día, y quizás en ella radica el secreto del buen vivir. Ser un tipo intenso, un verbo intenso, un No! o un Si! intenso , pero que la intensidad vital, una intensidad anormal, domine nuestras vidas desde su principio hasta su fin, desde la aurora que nos regala el mundo, al crepúsculo vital que regalamos nosotros al destino. Intensidad, un punto normal antes que se viste de incorrección política en nuestros días: lo llaman desfachatez, locura, soberbia, presuntuosidad o simplemente estupidez, y en el fondo no es más que el ejercicio puro que existe tras el de respirar con normalidad, puesto que al fin y al cabo SI SOMOS pequeños dioses en este mundo porque los construimos a ellos a nuestra imagen y semejanza.

Estas tres cosas que Belen, Haydée, y uno de mis hijos me han regalado hoy, me hacen un poquito mejor, incluso ante la certeza del saber que estos pequeños mundos, puentes, porciones, momentos de sabiduría y placer se nos escapan como granitos de arena entre las manos en una larga playa del Maresme catalán, una tarde de semana santa como otra, una tarde larga, tranquila y simplemente bella, como los ojos que ahora leen estas líneas.

miradas

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