Clooney, Diaz, y Jones…

Es verdad que a mi amigo, y tocayo, George, y a mi nos separan muchas cosas. Para empezar el piano, que en mi caso esta desafinado, pertenece a mi hermano el raro, y esta en casa de mi padre, no se cae por una ventana y el café lo tomo solo.

Con Cameron Diaz me separaron menos cosas, el ascensor era pequeño, la taja descomunal, y no fui yo quien se tropezó sacándose los tacones. Música a gogo y sobretodo, una risa pegajosa que comprendí 35 pisos más tarde y sobretodo 7 horas después.

Y con Tom Jones la verdad es que nos juntaron muchas cosas en un avión de BA: unas libras esterlinas y unas cuantas cervezas. La verdad es que ni cuando me tarareó su canción caí en quien era y solo acerté a contestar que por su edad seguro que mi padre era fan suyo, lo cual luego fue equivocado porque ni él sabia quien era el del “Sex Machine”, y yo alcancé a entender que lo nuestro era sintomático, patológico y seguramente genético.

He conocido a varios famosetes, será por lo del vino, pero también es verdad que todos ellos se las dieron de esto, de famosetes, excepto estos tres.

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George Clooney y yo coincidimos en un restaurante, caro of course, y entre que él iba de incognito, y yo no estaba por la labor, acabamos compartiendo mesa o barra, e intercambiando alguna que otra broma sobre el chef de los cojones, que a parte de los raviolis, no dio una a derechas. Me pareció un hombre muy simpático, y sin que os lo toméis a segundas, olía muy bien. Francamente no le vi “el qué” i entendí que fuera el tipo de jambo que a mi madre le pone. Era así como soso de aspecto aunque luego es verdad que miga tuvo hasta en los postres. Se pidió un té verde y mirándome muy serio me dijo: what else? A lo cual respondí pagando yo 4 grapas Nonino, dos para mi, y dos para él.

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Con Cameron la historia fue un poco más delicada de explicar, fue antes de que se convirtiera en apostata de la depilación integral, y hace demasiados años como para que estuviera casado. El lugar fue el Hotel Hudson de NY, el espacio el ascensor, y el tempus unos dos minutos y medio. La verdad es que no podía haber durado más que eso, porque es lo que tarda uno en meterse en el ascensor, pararse en tres pisos antes del que toca y descojonarse de risa cuando la muy rubia te agradece en la primera parada piso 12 o 14, que no le hayas pedido un autógrafo, muy seria ella; a lo que el menda le contestó, que estaba recién casado y que ni en broma, pero se acercó demasiado. Visto en perspectiva la Díaz impresiona mucho más que el Clooney, y tiene un aire fresco fresco, que el otro no tiene, y si, huele muy bien de cerca, pero lo que es verdad, es que al pasar los años uno se arrepiente de no saber decir Si al momento; (Cameron olía mejor que George), y sobretodo no haber sido más ágil en ese momento concreto, y haberle contestado: “what else”. El resto es una historia que contaré a mis nietos algun dia.

Ni con uno ni con la otra acerté a saber a quien tenia al lado, pero francamente poco hubiera cambiado mi predisposición, ya que con uno estaba muerto de hambre, y con la otra preocupado para que no se me cayera encima mientras se quitaba los tacones y se apoyaba con la mano izquierda en el espejo que estaba justo detrás mío, aunque luego lo hiciera con despreocupación y cierta delicadeza.

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Con Tom Jones me estuve riendo una hora y cuarenta minutos. Supongo que a él le pareció fantástico que no supiera quien coño era y a mi me daba la risa solo de ver a semejante energúmeno vestido de cuero negro, moreno de paleta anaranjado, en business, y pidiéndome si le podía prestar una libras en monedas para comprar un par de cervezas. Cuando le dije que no íbamos en granel, se rió un montón, y de allí nos arrancamos a hablar de lo divino y lo humano sin que el alcohol fuera un impedimento a nuestra locución normal. El hombre estaba indignado de que no lo conociera y supongo que le sentó como un tiro cuando me ofreció un par de entradas para un concierto que daba, las cuales no acepté argumentando que estaba demasiado cansado y me esperaban en casa. Era el tigre de Liverpool, y aun hoy confieso ser tan sumamente inculto como para no haber escuchado en mi puta vida una canción suya entera.

De estos tres entre los múltiples famosetes que he conocido incluido a Felipe VI al que tuve que besamanoar (si existe el verbo) varias veces como Príncipe de Viana que era (o es) y como director de exportación de la bodega que era yo, estos son los que más risas me han provocado, y eso que no tenia ni idea de quien eran, y he de confesar que Cameron es de largo la que con más cariño recuerdo, y eso que era antes de que se convirtiera en defensora y apologista de los felpudos.

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