Sant Jordi o Sant Vés?

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Sant Vés (a pendre pel sac), mañana vamos, es de los días más agobiantes del calendario para mí. De hecho ya lo era cuando de pequeño, rosa en mano me dirigía hacia mi novieta de turno para entregársela. Puto suplicio chino, que tras sufrirlo múltiples veces me preparó para convertirme en agente de la CIA y cajero del Mercadona.

Recuerdo con pavor el meterme gomina, juntar la pasta suficiente para una jodida rosa, dicho sea de paso caras de cojones en día tan señalado, y sin el menor atisbo de duda exterior acercarme con cara de macarra a la nena del día para jurarle mi amor eterno, mi devoción absoluta y mi santa cruzada por ella con el único fin a mis siete años (u ocho) que tocarle las tetas en algún lugar oscuro y propicio.

El día era aguantable cuando no existían ni móviles ni mails ni nada por el estilo, puesto que mi alter ego se personificaba en mi y no tenia que aguantar toda esta panda de idiotas desconsiderados que atacan a mi intimidad felicitándome por la calle con la misma alegría que sienten sus dos neuronas el día que se encuentran una vez al año. A día de hoy, y sin que me tiemble el pulso al escribirlo, no respondo al teléfono, no respondo a los correos y por descontado cuando algún simplón me para por la calle para congratularme por mi onomástica, cambio de acera y le pincho las ruedas.

Mis padres tuvieron tan poca inteligencia y vista que me pusieron el primer nombre que se les vino a la cabeza, el del día antes de mi nacimiento, y ya de paso aprovecharon para provocarme a una temprana edad, el Trauma más grande y fenomenal que le puedas crear a un niño como yo: puesto que todo iba seguido, para que doblar regalos? Allí creo dio comienzo lo que podría haber terminado en tragedia, pero que gracias a mi entereza y personalidad se ha ido convirtiendo en un simple flagelo del destino.

He cambiado mi nombre desde hace unos años, y así, a cada persona que conozco, o entrevista de trabajo que hago, o simplemente, a cada animal que adopto o pescadero, frutero, o panadero que frecuento, y que debido a la intensidad de la relación llega el momento de intercambiar nombres, les digo que me llamo Vés. Algunos me preguntan que si con V o con B, y las oficinistas y headhunters, que si lleva acento. Yo sonrío y utilizando la técnica remugatoria aprendida de mi madre, (que cuando remugaba no se la entendía hasta que llegó el momento que ya no la entendió por completo) añado en voz ininteligible un Vés a pendre pel sac, y así añado un momento de alegría a mi día, porque de todos es sabido que mandar a la gente a la mierda o a tomar viento tiene un efecto sedante y liberalizador, solo comparable a un orgasmo en toda regla, una de esas cosas de cuando teníamos 20 años, ya sabéis.

Ello me ha provocado algún que otro problema, el último con un Mosso de Escuadra, adicto al trabajo y de oído fino que no acabó de entender la sofisticación de mi cambio onomástico, pero aparte de ello, es verdad que en general, llamarse Vés (a pendre pel sac) o Vés (i que et follin) (esta última acepción solo utilizable tras varias birras) es francamente liberadora. Casi casi tanto como los vibradores anales, las hamburguesas de rábanos dignas de mi FITamiga y sobretodo al mismo nivel que el no hacer ni puñetero caso a nadie y proclamar a los cuatro vientos como hice el otro día, que me la pela todo en general.

Así que si mañana se te ocurre pararte y felicitarme, mandar un whatsapp de mierda o simplemente llamar o mandar un correo que sepas que te diré cual es mi verdadero nombre, porque me llamo Vés, Vés a que…

fku

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