Hipotecados.

Recuerdo muy bien aquel año porque fue nuestro mejor año. Nuestro periodo más glorioso y memorable. Tú y yo nunca habíamos sido precisamente dos genios. Pero en aquel tiempo (no sabíamos bien por qué) todo lo que hacíamos nos salía casi perfecto. Parecíamos tocados por una especie de mano divina que convertía todas nuestras brutas creaciones en piedras jodidamente luminosas, perfiladas y brillantes. Todas nuestras piezas, desde las más estilosas hasta las más aberrantes, eran transformadas automáticamente en oro puro.

tumblr_mr8kozWQhD1rews00o1_500

Sin duda vivíamos una etapa dorada. Estábamos inspirados, como en un estado de gracia permanente. Tú soñabas con ser escritora. Yo quería ser músico. Y parecía que por fin nuestra capacidad de abstracción o extrapolación de ideas era más que suficiente para serlo. Nuestras metáforas alcanzaban cotas de sublimidad jamás conocidas con anterioridad por nuestros cerebros. Y el mundo entero se dignaba a apreciar nuestro arte.

Recuerdo muy bien aquel año porque era el primero que no estábamos juntos. “Dos cuerpos comprometidos separados temporalmente por ineludibles contratos laborales“, argumento de sobra conocido. Y cada noche nos veíamos obligados a invocar el ritual recordatorio de nuestros votos y afectos sentimentales.

Cada noche nos tumbábamos en la cama boca arriba, cerrábamos los ojos con fuerza y concentrábamos toda nuestra energía en proyectar hologramas que representaran con fidelidad nuestras constantes vitales. Cada noche aprovechábamos ese cóctel de silencio y luces espaciales para abrir fantásticos telescopios y espiarnos mutuamente, enfocando lo mejor posible nuestra imagen en el techo de la habitación hasta convertirlo en una pantalla 3D home cinema.

tumblr_mysrz23RlB1sin3kzo1_r2_500

Y realmente lo conseguíamos. Joder que si lo conseguíamos. Lográbamos visualizarnos con gran detalle el uno frente al otro, nítidamente desnudos a escasos centímetros de nuestro rostro. Lográbamos sentir la exclusiva temperatura de nuestra piel y el sordo latido de nuestra sangre, como si estuviéramos cerca, muy cerca.

Y momentos más tarde, tras llegar el monstruoso orgasmo y tomar posesión absoluta de nuestro cuerpo, conseguíamos provocar escalofriantes espasmos a nuestra espina dorsal e imprimir bofetadas de vaho y aliento a nuestra alma. Como si fuéramos dos dementes clamando a las puertas del cielo. Incluso llegábamos a gritarnos palabras reales al oído, palabras que sonaban más próximas que nunca pese a pronunciarse a kilómetros de distancia.

Así es exactamente como sucedía. Follábamos en vivo y en directo empañando cristaleras espacio-temporales. Habíamos creado nuestra propia Matrix. Nuestra propia Pulp Fiction.

Quizá por eso desarrollamos tanto la imaginación tú y yo. Quizá por eso durante aquella época creamos tantas obras maestras de la ficción erótico-contemporánea. Porque sabíamos perfectamente que necesitábamos de aquellos simulacros y artificios para sobrevivir, de otra forma no hubiera sido posible, y nuestros momentos de lucidez creativa tan solo eran míseros efectos secundarios.

Gracias a ella, a la imaginación, no terminó de morir nuestra historia. Lo que empezó siendo un simple juego divertido acabó convirtiéndose en una práctica habitual y rutinaria. Un ejercicio de mentalismo telepático que nos tomábamos muy en serio y que ejecutábamos cada día con rigor profesional. Hasta que expirábamos exhaustos o nos dolía profundamente la cabeza.

Beso

El caso es que recuerdo muy bien aquel año porque está siendo muy diferente de éste. En concreto está siendo la versión opuesta o antagónica. Solo tenéis que asomaros a nuestro espejo de cabecera para daros cuenta. Miradnos bien de arriba a abajo con vuestros ojos inquisidores. No tengáis miedo. Penetrarnos sin escrúpulos con vuestras pupilas curiosas e impertinentes.

Solo alcanzaréis a ver lo evidente. Que la realidad está ahora logrando desvanecer por completo nuestra ilusión. Que la proximidad que tanto habíamos deseado se nos torna ahora orgullosa e insoportable. Que la imparable erosión de las sucesivas citas nos está carcomiendo por dentro como termitas insaciables, y que nos estamos quedando vacíos. Sin intestinos, sin corazón y sin huesos. Absolutamente podridos y execrables.

Ya no somos más que cáscaras que al abrazarse suenan hueco. Dos viejas nueces muertas y desechables.

Ella no ha vuelto a escribir. Yo no he vuelto a componer. Nuestra tragedia se ha hecho oficial: estamos secos, en ruinas, siniestros totales. ¿Y sabéis por qué queridos espectadores? Porque ahora que por fin estamos juntos, fingiendo una sonrisa cogidos de la mano, ya no nos queda ni un gramo de imaginación.

Hace tiempo que la hipotecamos.

Por el Señor Caramelos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s