Los Hijos de LOS OTROS…

Esta semana y casi sin quererlo me he visto envuelto en dos situaciones donde he tenido, o mejor dicho, me he exigido templanza, al hablar de los hijos de los Otros.

Entre el lunes y el martes, creo, mi nueva amiga Laura C. S. (escrito así parece que haya matado a alguien, pero no es así) publicaba un tríptico de un hotel solo para adultos. Asi como tenemos hoteles Gay friendly, Pet friendly, y hasta tech-friendly (os recomiendo en Japon alguno de ellos) se esta poniendo de moda en nuestra sociedad los Kids Unfriendly, que traducido viene a ser algo así como “mataremos al primer niño que pise esta alfombra”. Sin entrar en el díptico del Hotel, me preocupa muy mucho que la sociedad de compartimente hasta tal punto que aquello que fuimos una vez no se permita en lo que somos hoy

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Me explico: si baneamos a los niños de nuestros restaurantes, hoteles, o playas, (porque también hay playas en algún que otro país donde los niños no están permitidos) provocamos que en un futuro, esos niños no sepan comportarse en sociedad. Integrarse en el sistema (nos guste o no) pasa por aciertos y equivocaciones, y no dar la posibilidad a los niños o a los padres de ir a este o ese sitio porque los niños están prohibidos, es, casi casi, provocar que el día de mañana hayamos creado gentes, ciudadanos, que sean bastante Unfriendly con el mundo.

Quien no se ha cruzado alguna vez, cada vez más, con algún energúmeno que no sabe comportarse en un restaurante? O al revés, quien no se ha cruzado alguna vez con algún personaje incapaz de conectar, o comportarse delante de un niño? Nosotros somos lo que somos porque una vez fuimos niños, y, creo, profundamente, que no hay mucha diferencia entre un restaurante que no admite negros, o uno que no admita niños. Se llama Apartheid y la hay de todos tipos, colores, razas y alturas. Al prohibir un niño acceso a un mundo determinado, nos lo estamos prohibiendo a nosotros mismos. Muchos dirán que la culpa es de los padres… Seguramente si, pero la gestión no esta en prohibir, sino en educar, canalizar y conseguir, un comportamiento adecuado de todos los componentes de esta sociedad, sea el niño o sea el padre.

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Por otro lado y sin venir a cuento, pero si relacionado con ello, me gustaría hablar de los hijos de los otros. A los que somos padres, sea por partida doble, singular o de golpe, nuestros hijos nos parecen maravillosos, casi y afortunadamente el milagro de la vida en la tierra, o el “milagro de nuestra vida”. Los hijos de los otros se nos pueden antojar difíciles, freakies, extraños, pequeños o grandes o agresivos, o tal vez empanados. Nos parecen imperfectos y puede que hasta nos den miedo. Los padres tienen una tendencia natural, afortunadamente, a responder por sus crias, en todos los niveles. A menudo y sin venir a cuento, los hijos de los otros son el problema y los nuestros son el paradigma inefable e indiscutible de que la perfección en la tierra existe y, lleva nuestros apellidos.

Vivimos en cierta manera ingresados en un nanomundo y olvidamos que tal vez no sea culpa de los niños sino de los padres cualquiera de las situaciones en las que nos encontramos con ellos. Los sobreprotegemos? Los culpables son los otros? Nuestros hijos son pequeños? (de tamaño o en su proceso madurativo) Nuestros hijos son perfectos y nunca mienten? Mienten antes todos los otros incluidos tutores antes que nuestros hijos?

Quizás dentro del proceso de aprendizaje, desde el saber comportarse en un restaurante hasta el devenir adulto, deberíamos todos ser capaces de relativizar las verdades absolutas a las cuales nos confrontamos cada día cuando de lo que se trata es de nuestra propia estirpe. Pensar que uno pueda estar equivocado y poner medios para llegar a una cierta luz en lo se refiere a nuestra estirpe, es importante, y relativizar en pro de una solución y un mejor entendimiento es importantísimo para el devenir social de nuestros hijos. Si los sobreprotegemos, si no les cantamos las cuarenta cunado se lo merecen, y si en pro de su inocencia los disculpamos de todos sus errores, lo que estaremos creando no serán seres sociales sino zombis sociales solo capaces de vivir en un entorno construido en aras de su felicidad.

Mis hijos no son perfectos pero los tuyos no son perlas que digamos.

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