R.I.P. El Charcos (Ricard Antunez)

Ricard Antunez “El Charcos” R.I.P.

Me he quedado helado esta mañana al leer tu esquela, con una puta gran cruz que seguramente habrá pagado tu padre. Te recuerdo la última vez, empujando esa moto, una Suzuki GS500 en lo que hoy es el Port Vell, gritándome y citando a todos mis muertos para que te ayudara en ese último empujón hacia las aguas oscuras, justo al lado de la carabela que hoy, ya no existe. El capullo de la moto nos persiguió casco en mano, hasta que tras la comandancia nos metimos dentro de un bar muertos de la risa y la noche acabó como acabó.

Mi amigo El Charcos, lo finiquitaron ayer, debe de estar en el infierno, pese al esfuerzo que hacemos todos, las maldades de los 90 nos tendrán cogidos por los huevos hasta el último suspiro.

La primera vez que te vi, fue en los billares del Novedades, que olían a porro y orín a partes iguales. Pantalones claros, Levis redlabel americanos y camisa blanca. Un Chester en la boca y una pequeña e imperceptible cicatriz en la ceja, fruto seguro de alguna reyerta, y que años después me confesaste que fue un golpe contra un bidet un día de resaca. Estabas con el taco de billar en la mano, y nos miraste mal. Quizás porque fui el único en meter los cinco duros en la mesa, me invitaste a unas birras que acabaron horas después en una timba de poker privada en la calle Muntaner con Paris. Ni jugamos, ni nos metimos, pero me presentaste al capullo de la puerta que tendría que sacarme a rastras tras un encontronazo con los Chelos. (famosos atracadores de bancos a los que tu llamabas “putos sudacas de mierda”). Aquella noche no fue nuestra gran noche, pero si que puso un punto y una I, en el mapa atómico de la ciudad condal pre-olímpica.

https://www.youtube.com/watch?v=1mW1Qa0EexE

Eres, o mejor dicho, eras, un loco bipolar, desplegabas un encanto irresistible a hombres y a mujeres y por otro lado, sin un leve pestañeo, eras capaz de partirle la crisma al más duro, o almenos eso parecía. Recuerdo ir en moto a tu lado, y pensar que la muerte nos tenía respeto.

El charcos… de verdad que las mujeres chorreaban babas al verte, y luego, no quiero saberlo. Un encanto decían, pero siempre me pregunté si era verdad o mentira. El día que me contaste tu plan con las peluqueras, casi me caigo del taburete de la oveja negra de la caller tallers.

-Coke nen, tenemos que visitar las peluquerías de Barcelona, que nos limpien la cabeza y largarnos corriendo, tu no sabes cuanto sexo despliega una peluquera cuando te soba la cabeza!. Te mire y no entendí nada, la jarra de cerveza estaba llena así que no podía ser el alcohol, ni los putos Mods con sus mierdas de Vespa que gritaban al lado. Te levantaste y les pediste silencio, te miraron con sorna y me levante yo, y luego acabamos saliendo por patas, porque “pa chulos” nosotros, pero sin exagerar – decías.

Andando ramblas abajo, nos paramos en el peep show de la derecha con cabinas individuales donde por 100 pelas en monedas se corría una cortina y veías a una pareja montándoselo. Nos metimos juntos y me contaste tu plan. Cuando tienes 20 años, lo importante es ligar y fundir, y tu plan iba de eso: parecer un delincuente y conquistar sin hablar. Entrabamos en las peluquerías, rebosantes de niñas aprendices que limpiaban la cabeza antes que las brujas te cortaran el pelo. Nos masajeaban la cabeza y justo la final, nos levantábamos, las mirábamos a los ojos con los nuestros llorosos del jabon y les decíamos que las querríamos algún día. Nos íbamos corriendo. Luego, más tarde, las íbamos a buscar en moto, y las llevábamos de paseo: un paseo que terminaba casi siempre en el ático de tu abuela, siempre vacío de la calle Urgell.

La oveja negra.

Me decias que no habia nada más sensual que una chica lavándote el pelo, masajeando con oficio tu cabeza, el mismo oficio que luego impregnabas tu en cada zarandeo nocturno con ellas. Nunca tuve suerte, pero tu, Charcos, por lo que contaban y decían, te convertiste en el rey del champú y el emperador del acondicionador.

Aún recuerdo el día que llegaste con los huevos depilados, (ahora muy de moda) porque tu amiga Gemma de Cebado te había hecho eso….y un poco más. Recuerdo también que te estuviste rascando el escroto una buena temporada. Casi todo el verano!

Charcos, Ricardo, de delincuente juvenil asaltador de aprendizas de peluquera, a un tipo serio, trabajador de J.P.Mogan’s en Nueva York y padrazo de dos niñas bien guapas.

La última vez que nos vimos reventamos el barrio, habías venido para liquidar lo poco que quedaba de vosotros en Barcelona: los dos pisos, el carro de tu madre, y unas cuentas del Sabadell. Me devolviste el taco de billar, y, inexplicablemente y aun no sé porqué, te invité a que nos cortaran el pelo en una peluquería de la Calle Seneca. Entramos y le dijimos a la rubia que queríamos solo que nos limpiaran la cabeza, y nos reímos muchísimo.

Leiendo el Herald esta mañana en mi ordenador, he leído que la habías palmado. He llamado a tu casa y tu mujer la gringa me ha dicho que fué un infarto. Cuando he colgado me ha salido un “no me extraña…”, y me he cortado el pelo. He estado a punto de largarme corriendo, pero vivo en un pueblo y eso no se hace.

Allí donde estés, Charcos, no abuses de la gente, ni de las que quieran limpiarte el pelo, (aunque poco te quedaba ya..).

Y como te dije la primera vez que te vi: ganes o pierdas esta vez, tienes tu moto aparcada delante del Tivoli, y lo sabemos los dos.

1997SuzukiGS500E-001

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Al Fenici dice:

    Reblogueó esto en Al Feniciy comentado:

    aniversarios luctuosos…

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