No debo morir, aún no.

el

Hace cuatro años por estas fechas se moría el que había sido socio mío durante una temporada. Descubrí entonces que podía morirme, y aunque parece mentira esa fue la primera vez que me confronté con la horrible y apasionante realidad de que era finito, no eterno, y por ello, completamente inmortal.

Inmortal.

Teniendo en cuenta que si no hubiera muerto, con lo que descubrimos todos después, quizás alguien se lo hubiera cargado con ganas, su muerte me dió la formula de la eterna inmortalidad.

Miraba entonces las cosas de manera distinta, empecé a impregnarme de ellas, de las gentes, de las mujeres que pasaban por mi vida, de los hombres y de cada uno de los momentos, fallidos o no, que me regalaba la vida enseñándome que yo si permanecería, prevalecería, continuaría en ella ya sin estarlo.

Volverme inmortal me dió mucha fuerza. Su no presencia me acompañaba a menudo, y aunque antes pensaba en él muy a menudo, ahora su presencia ya solo es puntual. Todos hemos vuelto a la vida, y hasta su mujer, parece vivir hoy momentos tremendamente felices, instantes que con él, hubieran sido imposibles.

El tiempo ha corrido desde el año 2012. Han pasado muchas cosas, nuevos socios fallidos que no levantaron un dedo por ti, nuevas socias de las que impregnarse y aprender, crisis de pareja, parejas en crisis, y parejas que continúan, la muerte sigue acechando en las esquinas y grandes maestros se debaten hoy en filos muy finos entre el continuar con nosotros o dejarse ir.

Parece que la vida nos va metiendo a todos en vericuetos capciosos, cambia a gentes de sitio, y nos cambia a nosotros, los días se mudan de uno a otro traicioneramente y de tal dia hará un año y no nos sorprendemos. Pero me siento impregnado, casi sinceramente parte de una cosmogonía neutra y atractiva que me obliga a estar en el aquí y el ahora entrelazándome al pasar de los días, y al transcurrir de las noches. Siento como si mi cuerpo fluyera de una manera distinta, me siento enteramente vivo y tremendamente pobre, me siento oscuro y blanco a partes iguales y despierta en mi tanto odio de golpe como la dulzura de la mirada de mis niños que lo aplaca y lo para. Me despierto a menudo a las 4 de la mañana y desde esa cama grande de medidas italianas y arrugas de vida, pienso sinceramente en caerme de ella. Las noches son muy largas, y muy cortas a la vez, y el descanso convertido en lucha e insomnio me despelleja como a un pescado o me educa como a un recluta despistado. La vida se eleva ante mi, toda entera, toda ella, toda señora y diosa de curvaturas celestiales y de fines finitos y cortantes, y es en esos precisos instantes, serios, antagónicos y agrios, que me descubro, que descubro en mi, la capacidad aprendida de la vida y de la muerte para ser y convertirme en inmortal y sencillo.

La vida me aprieta como una corbata mal puesta o un garrote vil, y me grita al oído, desgarradoramente, palabras concisas, precisas y preciosas, talismanes y mantras absurdamente simples y sencillos, absurdamente prácticos: anda, levántate, corre, besa, muerde, aprieta, sonríe, muerde, come, degusta, bebe, vive, disfruta, odia, rie, llantea como un viejo….

Quizás le deba a ese cabrón el mostrarme empíricamente que podía morir yo también, o quizás no le deba nada, no le debo nada. No debo, no debo nada a nadie, ni nadie me debe.

Y mirando el tilo impodable de casa desearía morirme reviejo entre el y la casa, mi casa, reviejo. Necesito no hacer tantas cosas antes, necesito no necesitar nada el día que me larguen de este mundo para continuar siendo alguien inmortal.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s