II. La Flauta dolça…L’obrador.

Era la época carnívora e insolente de los 90, recuerdo que nada tenia otro síntoma ni sistema, nada tenia mucho sentido, ni otra razón que el vivir a tope. Y claro, cuando alguien vive por encima de sus pobres posibilidades físicas y mentales , una pastelera te puede hacer una lionesa en cualquier rincón.

Recuerdo que salía de ese concierto de la sala Garage de Barcelona, la puta calle Pallars se me hacia eterna en esa época. Andar hasta la señorial esquina de Mallorca con Girona era como una ultra-trail urbana para yonquis del zapato. Salir de allí era ya una odisea. Era el único sitio sucio de la ciudad donde seguro no me encontraba a los pelagatos de derecho y donde de vez en cuando aún cruzaba mis manos con la tribu del Guinardó. Me sentía triste, era como si les abandonara poco a poco, viendo como ellos, se daban más a lo duro, y yo me acercaba poco a poco de nuevo, y con paso silencio a la pijería de donde había provenido.

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Salía torcido de la sala, pero de pie, la mirada fija al frente, cara de pocos amigos que había mucho jambo guarro, me encasqueté el casco. Y miré a la izquierda. La pastelera me miraba como siempre, y entonces soltó lo peor que hubiera podido soltar: te gustan los pasteles nene? Claro que alguien te llame Nene a los 20 tiene coña, pero que sea la pastelera, tiene un pase.

La pastelera y yo éramos relativamente vecinos, sus padres regentaban una pastelería-panadería de la calle diputación casi a tocar de Paseo San Juan. Se movía bien, y había descubierto hacia poco que los besos no sabían a nada, si no se borraban las historias después. Algunas veces, subiendo a pie para casa, me paraba en la panadería, y la veía toda vestida de blanco y apestando a alcohol y sexo y algo más, sirviendo cruasanes a las viejas que padecían “huida senil de la cama”, o que básicamente escapaban de los pedos de sus maridos. Recuerdo que me paraba, y la miraba desde el fondo, y también que me miraba todo el rato. Como si quisiera quitarse las bragas una vez más y largarse conmigo.

Ese día , el Nene, se dejo los pasteles en el casco, y la invito a subirse al caballo.

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-On anem guapa?

-has follat mai a un obrador?

Creo que desde entonces odio el olor a pastel de la que se impregna mi casa cuando mi mujer se lia con los struddels o cualquier repostería o manposteria.

Las visitas al obrador siempre eran iguales:

Nos escapábamos del Poble Nou antes que los otros, cuando el polvo comenzaba a correr por los lavabos, nos echábamos el piro, y sin frenar en los semáforos porque jugarse el tipo en esa época era lo más, nos lanzábamos dirección plaza Tetuan a toda ostia. Teníamos 12 semáforos hasta la panadería, y no siempre los semáforos estaban verdes, recuerdo que sus piernas se apretaban contra mi cuando veía el color de las luces de tráfico, y también como se apretaba ella, contra mi.

Aparcaba siempre en Aragón con Roger de Flor, esperábamos en la esquina a ver a su padre entrar en la casa tras amasar todo el pan. Eran las 4 normalmente, y recuerdo que a esas alturas, nos habíamos dado hasta en el carnet de identidad. Luego andábamos de la mano hasta la panadería, ella tenia que abrir a las 7 de la mañana, y era la primera en entrar, sus padres aparecían mucho mas tarde, cuando yo me duchaba ya en casa.

Llegábamos al obrador, a la tabla de las masas, llena de harina, y se desnudaba. De cintura para arriba, y con las manos blancas, se acariciaba los pechos. Y luego a mi. Poco a poco acabábamos desnudos en la tabla de masas. Era ancha, y en el obrador había una temperatura que rebasaba de poco los 40 grados, todo olia a pastel, la ropa siempre quedaba en un lado, la banqueta donde el padre dejaba sus cosas y su hija luego las bragas (y yo el resto), y era el único sitio limpio de harina de toda la estancia. Era como hacerlo dentro de cruassant! Era, como a veces decía mi amigo David, era, como si se te convirtiera “todo” en un “braç de gitano”.

Su cuerpo era delgado de volumen, pastoso de color, y albino de percepción, y en aquellos meses postolímpicos era el mejor sexo encontrable y sobretodo disfrutable de la ciudad. En esa época, mis novias formales, (Monica, Elisenda, y MariPau) no entendían porque quería siempre irme a dormir pronto, no entendían porque abandonaba el Boria de la zona alta para largarme con la moto a casa.

-“es que ets molt serio home!”

sin saber que yo alargaba mi embrague hasta el Poble Nou barcelonés, para matar mis noches de finde con mi pastelera favorita.

Marta: sempre seré de llengüets, i m’encantará el que fas amb les flautes dolces. Especialment la que tocavem junts

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