Resumen 2016: Resiliencia, transversalidad, y Delio.

2016 empezó dramáticamente helado. Recuerdo que estábamos en Sant Joan de les Abadesses, en correos, mandando un buro fax, recuerdo que cancelamos todas las vacaciones, y recuerdo tener una sensación agridulce en la boca. Aquella sensación que da el saber que de ese agua no hay que volver a beber. No puedo escribir mucho sobre ello, pero básicamente 2016 empezaba plano y raso: mi socio dejaba de serlo, y todo aquello que habíamos anticipado, alegremente en charlas interminables, sucedía, nos sucedía, a los dos. Yo decidí, porque así me lo decía el instinto, que debía largarme de ese berenjenal, y él decidió quedarse, y en ese momento lo que nos hacia fuertes se rompió de golpe. Es fácil decirlo con la vista puesta en el pasado, pero si hubiera sido al contrario, yo me hubiera levantado de esa mesa con él. Las asociaciones tienen eso: hay que ir a la una hasta el fin, porque si no, no tienen ningún sentido.

Levantarme, sólo, de esa mesa en Sicilia significó muchas cosas empaquetadas en cinco minutos: quería decir que por muy bien que nos pagaran no podíamos aceptar que nos trataran como a perros de presa, significaba que finalmente ya no creíamos en un proyecto que hacia demasiado, (desde que el antiguo presidente de la cooperativa había dado paso al nuevo) se había convertido en algo peor que una cooperativa, que el negocio de muchos se había convertido en el de cuatro, y que quien nos había llevado allí había pasado de ser alguien de quien aprender a alguien de quien protegerse. Nosotros, o yo, podíamos levantarnos e irnos. Los que se quedaron lo hicieron porque o no tenían donde ir, o les faltaba el valor para hacerlo. Levantarse en mi caso significó perder de golpe el 85% de todos los ingresos de la empresa. De golpe. Recuerdo tener que parar un par de veces el coche que me llevaba al aeropuerto en el arcén. Pero también tengo un leve recuerdo de felicidad que ha perdurado todos estos meses hasta hoy, esa sensación de hacer algo que esta bien, no sé si me explico, una especie de leve y fantástica sensación de libertad. Cuando uno deja de creer en los proyectos lo mejor es dejarlos, aparcarlos, y si de alguna manera los proyectos en los que uno ya no cree, le dejan, es importante saber decir adiós y continuar apostando por las cosas que uno cree a pies juntillas

Visto con 12 meses en la espalda ha sido un gran año, hacemos cosas distintas y las mismas que hacíamos antes; hemos crecido, somos unos pocos más, nos hemos diversificado, nos divertimos mucho y sobretodo, creamos. Creamos riqueza para otros y de alguna manera porque no admitirlo, para nosotros. Los ocho años, o casi nueve, que pasamos guerreando día si y día también en esa fantástica cooperativa siciliana, quedan en la memoria como un gran recuerdo, como otra gran escuela, y si bien es verdad que dejamos atrás, obligados y abruptamente, a mucha gente, también lo es que el tiempo acaba poniendo a todo el mundo en su sitio, y pronto, creo que antes de lo que imaginamos, volveremos, muchos, a vernos las caras de nuevo. Visto, como decía antes, con doce meses en la espalda, tendría que agradecer a esos dos hombres pequeños que me pusieran en bandeja sin saberlo el trampolín a la nada para que pudiera finalmente dar tres pasos importantes durante este 2016: ampliar y hacer crecer mi empresa aun más, crecer como individuo un poco más, y sobretodo el haber podido ahondar un poco más en dos conceptos importantísimos, transversalidad y resiliencia.

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Durante este año 2016, han pasado tantas cosas que me da por un lado miedo y por el otro pereza comentar nada. Quien hubiera pronosticado un Trump, o un Brexit, o simplemente que Putin y Erdogan serian los valedores de un “alto el fuego” en Siria? Quizás lo único pronosticable era que Rajoy continuara lindando con la estupidez absoluta, y que los catalanes seguirían erre que erre con sus aspiraciones que comparto pese a la abulia que me provocan.

Ha sido un año entrañable: he podido visitar a Stephan en Normandía, y compartir muchísimas horas con mi hijo mayor. Muchiiiiiiisimas porque recorrimos media Europa con el Air Force One de la familia. Pudimos hablar todo lo que no podíamos escribir, compartimos habitaciones de hotel, cenas, comidas, risas y aburrimiento absoluto. Me alegro de este viaje y de los paseos por Paris, poco a poco fue creciendo y estos tres últimos meses por alguna razón que la naturaleza me esconde ha dejado de ser uno de mis niños, para convertirse en uno de mis chicos.

La vida me ha regalado momentos mágicos, como el del Sr.Strunk diciéndome que me echará en falta los veranos, como decirle adiós a Artà, como conocer una Moldavia más allá de los mapas, o simplemente darme cuenta que cuando han pintado bastos muchos se tomaron el tiempo de coger un teléfono y llamar.

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2016 me brindó la suerte de incorporar gente especial a mi sueño y de escribir un montón en este blog. Yo creo que 38.657 visitas a día de hoy son muchas visitas para un tipo que escribe de sus cosas.visitas

2016, también me trajo un montón de malas noticias, amigos con cáncer que luchan para vivir un poco más, amigos que dejaron este mundo de golpe, y el adiós final de Delio. “Buenos días Delio!” Durante algunos años cada mañana me he cruzado en el paso cebra de la escuela con él. A menudo, era la primera sonrisa del dia, y la más entregada. Un tipo que voluntariosamente ha hecho sonreír a muchísimos niños en la Escuela Fabra y “els Pinyons” dejándoles regular el tráfico de un paso cebra, y entregándoles las poderosa señal de STOP. Delio, has sido un tipo fenomenal, y me resulta complicado pensar que el día 9 de enero, dentro de diez días habrá alguien otro. Gracias por todo lo que hiciste.

2016, en general ha sido un gran descubrimiento como año, a veces hubiera deseado que pasara más rápido y otras, que fuera eterno, pero como todo lo bueno ha sido duro de roer, bueno de comer y complicado de digerir.

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Personalmente estoy feliz, lo pasamos con un notable alto y esperamos el 2017 con las mismas ganas que el 2016, con garra y esa sonrisa burlona que siempre tenemos preparada.

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Me gustaría un 2017 distinto, uno con más humor y menos despechos, con menos hombres pequeños, Vitos o Marks o de cualquier color u origen; me gustaría un año con más Rondinis y menos aguiluchos, con más premios para todos aquellos que deciden crear, imaginar y ser felices. Me gustaría más Helena y Paris, y también porque no un poco de Aquiles para este mundo, y menos Zeus, y menos de todo de lo que coarta a las gentes de este mundo. Me gustaría un mundo mejor, más fresco, más mundo y menos infierno, me gustaría un mundo más para mis hijos y menos para mis enemigos porque al fin y al cabo, todos tenemos varios. 2016 fue tan intenso que no sabia, a veces, qué hacer con él. Me gustaría un 2017 que me dejara a veces, pensar, que sé que hacer con él. Mas besos, más silencio, menos ruido de fondo, más gente, un 2017 con más tu, menos él, o más yo contigo y menos sin ti.

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