Xavier Prat, Un artista emblemático de los años 80.

Escrit per en Sergio Vila Sanjuan, comparteixo el texte on es parla del Xavier Prat, a la Vanguardia d’avui i de la retrospectiva que se li fa a partir del proper dia 26 de Juny.

Cuando le conocí solía vestir un poncho como el de Tintín en El Templo del Sol, lo que en la muy progre Universitat Autònoma de los años 70 representaba sin duda un toque de distinción. Quizás por ello desde el principio le vi como alguien diferente, capaz de poner una nota de color, aunque fuera algo estridente, y de fantasía en todo lo que se cruzaba en su camino. Hablaba catalán o castellano con un suave seseo. Intervenía bastante en clase con observaciones originales que revelaban su cultura tan amplia como heterodoxa, y los profesores de la época, gente sesuda y muy politizada, le observaban con desconcierto.

Xavier Prat Riquelme era un personaje intenso, que cultivaba a fondo sus raíces peruanas escuchando valsecitos ( “Si me alejo de ti / es porque he comprendido / que soy la nube gris / que nubla tu camino”) rodeándose de objetos y tejidos del país, leyendo a César Vallejo y cocinando especialidades como el cebiche o la causa limeña.

Había nacido y crecido en Lima, pero tras la muerte de su padre la familia volvió a Catalunya, de donde procedía. Xavier refrescaba regularmente toda la mitología y la nostalgia peruana con sus amigos de aquel país, como el gran traductor de Elias Canetti, Juan José del Solar, y junto a su madre, Joana, quien también guardaba abundante memorabilia en el piso familiar.

Pero Xavi era un hijo de su tiempo, de la agitación de los años setenta y de los movidos tiempos de la transición: se declaraba anarquista, no se perdía una manifestación y por el apartamento de la calle Creu Coberta que compartía con su hermano Jordi pasaban las figuras del momento, las de las Jornadas Libertarias del año 77 o del mundo ramblero entonces en plena efervescencia. Durante algún tiempo en aquella casa abierta se conservó con reverencia un mantón de Ocaña, rey de la noche de la época, que nadie sabía muy bien como había ido a parar allí.

Relacionarse con Prat era como vivir en una página del Nadja de André Breton. Conocía los sitios más raros de la ciudad, convertía en legendarios los lugares anodinos y, con él, una simple vuelta a la manzana podía deparar encuentros con los personajes más pintorescos. Te llevaba al bar Marsella de la calle Hospital a beber “el ajenjo de los poetas malditos” y a una taberna ignota de la plaza Sant Agustí Vell donde servían las mejores cañaíllas de la ciudad.

Durante un par de años frecuentamos el taller de escritura impulsado por José Donoso en Sitges, donde autores noveles nos congregábamos en torno al novelista chileno para leer y debatir nuestros intentos literarios. Allí Xavier topó con un personaje más imprevisible aún, el poeta peruano Américo Yabar, y sumando la imaginación de ambos cualquier noche podía acabar en una sesión de chamanismo a la luz de la luna o un recital con los poetas encaramados a la mesa de cualquier restaurante chino.

Escribía versos que reunió en varios volúmenes pero que nunca editó, y produjo una extensa y variada obra plástica: dibujos, acuarelas y óleos con iniciales planteamientos surrealistas, figuras extrañamente anónimas y monocromas en ambientes marítimos, escenas de amor y erotismo en paisajes urbanos tocados por la irrealidad, con leyendas como “ y en otras ciudades también amanece… esos recuerdos que de ti me quedan”.

La suya era una figuración erudita e irónica, a ratos con tintes de la pintura metafísica italiana, a ratos con referencia a la Mujer bajando una escalera de Marcel Duchamp o a Las Tres Gracias de Rubens, en reelaboraciones seriales. Las mostraba en lugares no profesionalizados como la abigarrada tienda Argot de la calle Hospital. Su exposición mas importante tuvo lugar en 1982, organizada por Josep Miquel García en un espacio de la Diputación Provincial de Lleida, a donde acudimos sus amigos a acompañarle.

AUTORRETRATO 1981

A principios de los años ochenta, en los bares de noche y las salas de baile Barcelona disfrutaba de la libertad. Al son de las músicas se daban cita jóvenes escritores, periodistas, pintores, diseñadores, músicos, cineastas… En bastantes de sus cuadros Xavier Prat recrea una sala de baile ideal, combinación de la popular La Paloma, con su estructura de dos plantas, y La Ceca del barrio de la Ribera, de breve e intensa vida, con sus estilizadas columnas de hierro, elemento recurrente en su pintura. La serie El baile plasma un mundo de dinamismo, agitación y vitalidad, con sombras de inquietud simbolizadas por los anónimos personajes monocromáticos.

En aquellos años preolímpicos en que la ciudad volvía a abrirse al mar, recreó los paseos junto al puerto, cuando vivía, primero en el Portal de la Pau y después en el edificio ochocentista y masónico de los Porxos d’en Xifré, con su compañera Pitu y sus hijos pequeños. La zona que a sus pies se extendía hasta Montjuïc se transfiguraba en un espacio mítico, de desasosiego existencial, anhelo y memoria.

A pesar de que fue la persona con más talento natural que conocí en mis años de juventud, nunca llegó a profesionalizar realmente sus aptitudes literarias y plásticas. Una extrema sensibilidad defensiva le hacía mostrarse siempre reticente a la hora de enseñarlas y de promocionarse. Pero en los trabajos que realizaba para ganarse la vida también se las arreglaba para convertir fragmentos de la realidad mas prosaica en fantasía. Durante un tiempo realizaba globos artesanales y otras maravillas con papel y cartón en un comercio del barrio de Gràcia. Y luego colaboró en escenografías para películas como Angustia de Bigas Luna, junto al decorador Felipe de Paco. A partir de 1992 prácticamente deja de pintar.

Hoy podemos verle como uno de los artistas más representativos de aquellos años. Su elaborada técnica, referencias autobiográficas, ironía y carga cultural lo inscriben en los parámetros de la postmodernidad entonces emergente. Constituye un eslabón perdido del arte catalán de aquella época, el equivalente a los pintores de la movidamadrileña como Martín Begué o El Hortelano, muy reconocidos y canonizados en la capital española, con los que expuso en la galería Ovidio. En vida del pintor, la obra de Xavier Prat, tan rica en imágenes emblemáticas, no fue acogida ni correctamente difundida entre nosotros, pero quizás, ojalá, le haya llegado su momento.

Xavier Prat (1957-2007)

Y en otra ciudad también amanece

CAN FRAMIS. FUNDACIÓ VILA CASAS. DEL 26 DE JUNIO AL 23 DE JULIO

Este texto es una adaptación del que figura en el catálogo de la exposición Xavier Prat (1957-2007) . Y en otra ciudad también amanece, comisariada por el autor.

http://www.lavanguardia.com/edicion-impresa/20170616/423446630125/un-artista-emblematico-de-los-anos-ochenta.html

 

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