Seattle con Freddie.

La habitación 213 del Warwick Hotel de Seattle es de esos sitios en la tierra que uno puede prescindir. Tiene muchas cosas malas el llegar tarde a un hotel en Sábado, y la primera es que estén Sold Out, (llenos) y te incrusten en un cuchitril de tres al cuarto para dormir. Lo bueno es que como llegas tarde y llevas siete horas de avión desde la costa Este de los Estados Unidos, al mal paso no le das importancia.

Seattle pues me recibe por la mañana desayunando en el Lola, un imprescindible si lo que has pasado es una noche cutre y enganchosa. En este garito de la calle 4, lo importante es el Bacon. Y desayunar en domingo tras la noche infernal que he pasado, hace que el resto sea relativamente soportable y pruebo de no perder mi sentido del humor.

Las calles están vacías y los comercios tiendas etc… cerrados, así que a parte de Pike Market, (una especie de mercado al medio aire libre que tiene esta gente) y los docks y pasear por las calles desiertas no tienes nada mejor que hacer en Seattle que irte al cine por la tarde.

He bajado a quejarme por la habitación y la cara del recepcionista ha sido de espanto: te han puesto allí?? En fin, según como a las 12:00 dentro de hora y media me cambiarán. Hacer y deshacer maletas de nuevo para las siguientes 4 noches.

Este viaje se me hace largo: lo de la droga del tercer día parece que deja de funcionar a partir de los 40, y cada paso que doy lejos de mi pueblo me cuesta cada día más. La verdad es que no tienen mucho sentido estos viajes: Presencia, si, pero a que precio? Es verdad que si no me ven a mi verán a otro, y dejarás de estar en la primera fila de su recuerdo, y te olvidarán. Te olvidarán, el olvido… tan presente en este viaje.

Estados Unidos parece esta vez el trayecto de los olvidados. No ahondaré más en ello, creo que ya escribí suficiente del olvido el otro dia. Si, Nueva York fue un shock. O quizás es porque cuanto más viejo me vuelvo más sensible estoy a que ya nadie me recuerde.

Me he paseado por los muelles, he comprado la entrada para ir a ver la película de Queen, y sobretodo me he desconectado del mundo. He disfrutado y mucho de Freddy y a pesar que alguien me dijera que está sobrevalorada, mi aproximación poco quisquillosa a las películas me ha hecho hasta brotar alguna lagrimilla de más. Pero lo que de verdad me ha hecho llorar es lo que rezaba hoy el Hard Rock Café de Seattle, por poco choco contra una farola del susto!

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Mañana toca trabajar de nuevo, más de lo mismo y con los mismos, quedan ya solo 4 días de viaje. Vuelo de Lufthansa y la tan deseada escapada a nuestro Monasterio de las montañas. Allí nadie más que nosotros, te espera. Y es curioso desear que alguien te esté esperando.

He comido cod fish, como no podía ser de otra manera, en el restaurante de la esquina donde por dos sonrisas y una copa de rosado no han pestañeado en clavarme 50 pavos.

Tengo ganas de volver, pero aun no sé por qué océano hacerlo.

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